Jon Arretxe: “Lo más fascinante de África es la gente, la hospitalidad de esa gente”

Mugak57

Amunarriz, Ainara y Ayesa, Jabi

Durante la pasada edición de la Semana Negra, que se celebra todos los veranos en la ciudad de Gijón, nos encontramos con Jon Arretxe que presentaba su novela Sueños de Tánger. Aprovechamos la ocasión y le hicimos unas cuantas preguntas sobre su novela.

Eres un escritor conocido por escribir literatura de viajes y novela negra. Sin embargo en tus últimas novelas encontramos un poco de ambas. En Sueños de Tánger hay una especie de hibridación entre novela negra y de viajes.

JON ARRETXE. Sí, es el formato con el que me encuentro más a gusto y el que he desarrollado en mis últimas novelas. Igual el caso más evidente es éste, porque Sueños de Tánger es una novela negra por supuesto, pero tiene más que nunca literatura de viaje. También lo tenía en novelas anteriores, pero en ésta bastante más.

Al igual que algunos de tus libros, Sueños de Tánger tiene como escenario África. ¿Qué tiene África que tanto te atrae?

J.A. Hay que ir y verlo, y sentirlo. Describirlo es un poco difícil, pero tiene muchas cosas que te enganchan. Sobre todo la gente. Por supuesto, en África hay paisajes increíbles, la fauna, los animales, lo que quieras, los mercados. Pero, para mí, lo más fascinante de África es la gente, la hospitalidad de esta gente. Lo buena gente que son, sobre todo en el África negra, su hospitalidad, el respeto por la familia, cómo te acogen, cómo ven la vida y cómo sobreviven y van día a día buscándose la vida. Es una gente muy acogedora que a mí me encanta.

Esta novela se desarrolla en un escenario muy poco convencional para una novela negra y con un toque un tanto exótico ¿Por qué has elegido Tánger?

J.A. Pues, lo del toque exótico es por buscar algo un poco diferente dentro de las novelas negras, en vez de buscar una ciudad clásica occidental. A Tánger me la encontré de casualidad. Buscando billetes por Internet encontré uno barato para Tánger y allí me fui. Luego me di cuenta que con Tánger me había tocado la lotería. La encontré perfecta para una novela del tipo que quería construir.

Nos describes un Tánger fronterizo, con su puerto, sus cafés, las prostitutas, los buscavidas tratando de sacar unas monedas a los turistas. ¿Esto forma parte de la ficción o Tánger es así?

J.A. Eso es todo realidad. Es lo bueno de situar la novela en un lugar que te ofrece tanto. Todo lo que has comentado está allí, lo ves, te lo cuenta la gente. Y al verlo con tus propios ojos, luego te resulta mucho más fácil escribir sobre ello. No sé cómo se lo tomará el lector al leerlo, si como realidad pura o fantasía.

Desde Tánger salen muchas pateras que arriban a las costas de España. Sin embargo nos cuentas en este libro que Tánger ya no es lo que era, que antes miles de subsaharianos se agolpaban en esta ciudad esperando su turno para lograr una plaza en una patera y cómo alrededor de toda esa miseria se generó un floreciente negocio.

J.A. Sí, alrededor de todo lo que produce dinero se montan negocios. Hasta que consigues una patera para pasar a Europa tienes que dormir en algún sitio. Los hotelillos y las fondas se multiplicaban en Tánger. Además, si quieres pasar al otro lado tienes que pagar. El que te cruza quiere su dinero. Hay que untar al policía de turno para que haga la vista gorda. Todo eso genera tal cantidad de dinero que es inevitable que surja alrededor toda esta corrupción.

14 kilómetros separan Tánger de Europa. Cuentas en tu novela que existe un lugar en Tánger llamado el mirador de los perezosos donde muchos de los africanos que no han podido pasar todavía miran desde allí a Europa, observando el paraíso que les es negado.

J.A. Es verdad, le llaman precisamente por eso el mirador de los perezosos, porque hay un montón de gente que está allí, pasando el tiempo sin hacer otra cosa que mirar el paraíso. Quién sabe las películas que se estarán haciendo en la cabeza. En el mirador he pasado bastantes horas mirando como ellos y sobre todo mirándoles a ellos e imaginándome lo que están pensando y las historias y sueños que les pasaban por la cabeza. Son los sueños de Tánger al fin y al cabo.

Quienes llegan hasta allí con la intención de pasar el otro lado, quienes están en el mirador de los perezosos allí mirando, vienen cargados de sueños e ilusiones, como los que se quedan en Tánger. Sin embargo, me cuesta creer que no sepan lo que verdaderamente les espera al otro lado.

J.A. Es que sí lo saben. Les queda la esperanza de que lo que van a encontrar es mejor que lo que tienen ellos. Puede que estén en un piso junto a 25 personas más, pero es un piso mejor que la casa en que viven ellos. Seguramente van a poder trabajar o poder sacar unas monedas recogiendo fruta, o de alguna otra manera, y con un poco de dinero europeo, en África se hacen maravillas. Están acostumbrados a vivir muy barato. Con un kilo de arroz pueden sobrevivir perfectamente unos días y mandar dinero a casa, donde sin duda será mucho dinero. Hoy en día ya conocen lo que ocurre, casi todos tiene un familiar o un amigo que vive en Europa y que les ha contado algo. Existe comunicación a través de los móviles y del correo electrónico. Siempre les queda la esperanza de que lo que van a encontrar todavía pueden mejorarlo.

No sólo aparece Tánger en tu novela. Vuelves a Mamaku y una parte de la historia se dilucida allí, dando un especial protagonismo a tradiciones ancestrales africanas como la magia negra.

J.A. Sí, sí, porque me apetecía meterlo dentro de la novela. Es una zona que conozco bastante bien: Malí, Burkina Faso… Tengo bastantes amigos por allí y he visto cómo viven sus creencias, sus sacrificios, sus ritos en el mundo de la magia blanca y la negra. Me pareció un elemento muy interesante que además podía dotar a la novela de un toque original apartándose así un poco de la novela clásica.

En Tánger, una parte importante de la acción se desarrolla en la Medina Vieja, un barrio plagado de calles estrechas. Supongo que un lugar inmejorable para situar un trama de misterio como la que desarrollas en tu novela.

J.A. Sí, para el turista occidental, cuando va a cualquier medina, se encuentra con un laberinto de calles estrechísimas, que le hacen sentir perdido. Para ellos, sólo es el lugar donde viven y punto. Para nosotros es otra cosa. Pensamos que tras cualquier recoveco nos vamos a encontrar con alguna sorpresa desagradable, y si le das a la imaginación, pues es un lugar muy apropiado para situar los crímenes de mi novela. Dan mucho de sí estas medinas de cualquier ciudad de Marruecos.

Hablemos un poco de los personajes de Sueños de Tánger. Tus personajes tienen unos condicionantes sociales muy marcados. Su devenir depende de su condición social, de su educación, lo que te permite de alguna manera también adentrarte en cierta crítica social...

J.A. La crítica social es habitual en muchas novelas negras y a mí me apetecía hacerlo. No porque es novela negra quiero meter crítica social, sino porque quiero contar o denunciar una situación; no es el fin de esta novela. Sueños de Tánger es una trama negra que pretende enganchar al lector y ya está. Pero meter eso, de paso, me apetecía, para que se sepa cómo funcionan estas cosas allí, y que si eres un miserable estás prácticamente perdido. Si eres un miserable aquí igual tienes más posibilidades.

Estos personajes están lastrados por una cierta desesperanza, debido a lo complicado que es cambiar el rumbo de sus vidas. ¿Esta desesperanza también la comparte su autor, o crees que siempre hay sitio para algo mejor?

J.A. Yo soy realista. Ayer le hicieron una pregunta a otro escritor sobre si era pesimista en sus novelas y me gustó la respuesta. Él dijo que no era pesimista, que era escéptico. Yo voy un poco por ahí. Ese escepticismo no impide que mis personajes tengan sueños. Está bien que Fátima sueñe con su príncipe azul europeo, que llegue y se la lleve. Está bien que el guía cojo piense que un día puede ser un pijo de esos que ve en las cafeterías elegantes delante del cine Rif con sus portátiles. Pero, en el fondo, es prácticamente imposible. Es escepticismo lo que se encuentra detrás de esta idea.

Me gusta en Sueños de Tánger, la relación que estableces entre Musa, que está esperando a pasar a Europa en una patera, y Fátima una mujer que ha sido repudiada por su familia. Es interesante esa solidaridad que surge entre los que no tienen nada.

J.A. Sí, ésa es otra de las cosas buenas que tiene África. Esa solidaridad es mucho más fuerte que aquí. Allí es rarísimo que dejen a algún familiar o amigo colgado. Si alguien está sin casa, siempre va a haber alguien que le acoja en la suya para quedarse todo el tiempo que quiera. He conocido bastantes situaciones de ésas aquí. Yo le decía al dueño de la casa, que era amigo mío, «oye, este tío te está buitreando». Sin embargo ellos apelaban a una ley no escrita por la que no le pueden echar, no le pueden decir «fuera, piérdete y muérete de hambre». He intentado recoger eso en mi novela. Uno de los casos es el de Fátima, una pobre prostituta miserable. Musa no tiene un céntimo y surge esa solidaridad cuando Fátima le compra unas ropas a Musa. Incluso hay una historia de amor casi imposible. Bueno, que lean la novela no les vamos a contar todo, hay historias paralelas de amor posible o imposible pero, bueno, una de ellas es esta, yo diría que la más bonita.

Bueno, para acabar y ya que estamos en Gijón en plena Semana Negra, me gustaría hacerte la última pregunta. Tú eres de los pocos escritores que hay en Euskal Herria de este género. Aunque es un género que gusta al público ¿por qué crees que se publica tan poca novela negra en euskera?

J.A. Yo creo que tiene bastante que ver con el prestigio que tiene la novela negra aquí. Si te fijas, la gente la respeta, la impulsa y le parece literatura de primera. Pero los vascos somos mucho más raritos para esos temas, sobre todo los euskaldunes. Parece que si escribes novela negra ya estás escribiendo novela de género. Yo digo que Sueños de Tánger es literatura. Pero si digo que es novela negra parece que bajas un escalón. Así de triste es. Creo que entre los escritores euskaldunes, y entre los críticos mucho más, hay una opinión de que novela negra no es sinónimo de buena literatura. Tengo que quitarle el apellido a mi novela para no presentarla como novela de género, y que así la vean como una buena novela. Me parece ridículo. En sitios como Gijón o Barcelona Negra, te das cuenta que ven las cosas de otra manera. Igual por esto no hay tanto euskaldun que se dedique a la novela negra. Está Ladrón, este chico de Pamplona, Lertxundi creo que hizo Zoaz infernura laztana, o Aingeru Epaltza creo que también ha hecho alguna incursión. Antes estaba Gotzon Garate, aunque era otro tipo de novela negra más de otro estilo. Desgraciadamente hoy en día hay muy pocos escritores que trabajen en euskera o que, por lo menos, le den importancia.

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