Flujos migratorios y empleo: Una pareja bien avenida (¿También en tiempo de crisis?)

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Moreno Márquez, Gorka / Aierdi Urraza, Xabier 

IKUSPEGI Observatorio Vasco de Inmigración

El aumento y el desarrollo de los flujos migratorios en la última década ha hecho que España se sitúe como el segundo país de la OCDE que más población extranjera ha recibido en términos absolutos –por detrás de EEUU- y el primero en términos relativos. En la actualidad hay 5.708.940 personas extranjeras empadronadas, lo que supone un 12,2% del total de la población residente en España. De hecho, si en algunas CC.AA no se hubiesen dado tales flujos, la población residente hubiese incluso descendido. Este es el caso, por ejemplo, del País Vasco. Todos estos datos resultan más llamativos si cabe cuando se tiene en cuenta que partíamos de un contexto en el que el número de personas extranjeras era muy bajo –en la mayoría de los casos por debajo del 1%-, salvo en CC.AA en las que el turismo tenía una cierta incidencia.
Como puede pensarse, este proceso atiende a unos factores y determinantes concretos y en esta dinámica es fundamental subrayar la importancia que ha tenido el desarrollo y el crecimiento de la economía española, que ha sido de un 3,5% anual en el periodo que transcurre de 2000 a 2007, unos datos sensiblemente mejores a los de la mayoría de los países de su entorno. Pero no sólo ha de ser tenido en cuenta el crecimiento económico, sino también los sectores económicos en los que se ha sustentado el mismo. Si atendemos a este segundo elemento podremos observar cómo los puestos de empleo que se han creado en estos sectores son el gran y verdadero efecto llamada de los flujos migratorios, como ya han subrayado autores como Miguel Laparra o Lorenzo Cachón. Dicho de otra forma, el gran polo atrayente para los flujos migratorios no han sido ni una legislación más o menos restrictiva, ni la existencia de políticas sociales de mayor o menor cobertura, sino las necesidades del mercado laboral español, que ha basado su crecimiento económico en ciertas actividades económicas. Es más, este elemento condiciona y determina la cuantía de los flujos, pero también toda una serie de características sociodemográficas como la edad, el sexo o el área geográfica de origen.
De esta forma, hay que subrayar en un primer momento que la distribución de la población extranjera a lo largo del país es desigual y heterogénea y depende en gran medida de las características socio-económicas y de los nichos laborales que prevalecen en una provincia o Comunidad Autónoma. En este sentido, pueden destacarse tres sectores que son los principales nichos laborales para el colectivo inmigrante y que no son otros que la agricultura, la construcción y el sector servicios –turismo y cuidados domésticos y personales. De tal forma que en las regiones donde dichas ramas tienen relevancia el peso del colectivo inmigrante es mayor en términos relativos.

Tabla 1. Evolución de la población autóctona y extranjera en España y porcentaje de población extranjera por CC.AA. 1998-2010.

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Fuente: INE.

Como puede verse en la tabla 1 existen diferencias entre las diferentes CC.AA, que oscilan entre el 21,9% o el 17,3% de Baleares o Valencia respectivamente, y el 3,9% de Galicia o el 3,5% de Extremadura. De igual forma puede verse cómo los porcentajes más altos se dan en las CC.AA de la franja mediterránea, la cuenca del Ebro o Madrid. En el lado opuesto se sitúan aquellas de la franja cantábrica y el interior de la península. En líneas generales pueden subrayarse estas dos grandes pautas en lo tocante a la distribución y que atienden a la importancia de sectores como el turismo y la construcción –Baleares, Valencia-, la agricultura –Murcia, La Rioja-, los cuidados personales –Madrid- o la combinación de varios de éstos o de todos. Estas diferentes necesidades del mercado laboral incluyen diferencias dentro de las propias CC.AA. Así, en Andalucía -8,4%-, pueden encontrarse porcentajes que van del 21,7% de Almería –tercera provincia con un mayor porcentaje- al 3% de Jaén –provincia con el menor porcentaje de todo el país.

La edad también es una variable que nos indica la importancia del empleo en el desarrollo de los flujos laborales. La inmensa mayoría de la población extranjera se sitúa en las franjas de edad laboral y muestra una distribución muy diferente a la autóctona. Así, frente a un 62% de la población extranjera que se sitúa entre los 16 y los 44 años, la autóctona es de un 39,9%. De igual forma, la población mayor de 65 años es de un 5,4% para la primera y de un 18,5% para la segunda. En el País Vasco, por citar un ejemplo extremo, tan sólo un 1,8% de la población extranjera tiene más de 65 años. Estos datos indican claramente que el colectivo inmigrante viene con el claro objetivo de obtener un empleo y a la vez tienen toda una serie de connotaciones en aspectos como las políticas relacionadas con la Seguridad Social –mayor tasa de cotización y menor de percepción de pensiones por jubilación- o ciertas políticas sociales como la sanidad o la dependencia.

Gráfico 1. Porcentaje de población autóctona y extranjera en España por grandes grupos de edad. 2010.

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Fuente: INE.

Este peso del factor empleo sobre la distribución de edad se ve también reflejado en otro tipo de datos como la tasa de actividad o de ocupación, que es más alta para la población extranjera. De este modo, y aún teniendo una tasa de paro de un 29,35% frente a un 17,98% de la autóctona, la población extranjera muestra una tasa de ocupación ocho punto mayor -47,89% frente a un 39,68%- y una tasa de actividad veinte puntos mayor –datos de la EPA del tercer trimestre de 2010. Es decir, que la población extranjera trabaja más –empleo- que la autóctona –tasa de ocupación-, aún teniendo una tasa de paro mayor, como consecuencia de una gran diferencia en la tasa de actividad.

Las necesidades del mercado laboral también, y más concretamente los nichos que prevalecen, determinan otra variable como el sexo. En CC.AA. en las que predominan sectores como la agricultura o la construcción es mayoritario el número de hombres. En aquellas otras en las que sectores como el servicio doméstico o de cuidados personales tiene relevancia, en cambio, suele darse un cierto equilibrio o incluso en algún caso un mayor peso femenino. Por citar dos casos extremos, en Murcia el porcentaje de hombres es de un 65,7% y el de mujeres de un 34,3%, dado el peso de la agricultura y en menor medida la construcción. En Madrid, donde el peso de los cuidados domésticos y personales es mayor estos porcentajes tienden a equilibrarse y se sitúan en un 52,1% para los hombres y un 47,9% para las mujeres.

Unida a la variable anterior, el área geográfica de procedencia también aparece estrechamente vinculada a las necesidades laborales concretas de cada región. En concreto pueden diferenciarse tres pautas: 1.- En regiones en las que predomina la agricultura es mayor el peso de la población masculina proveniente de África. Así, en Almería el 37% de la población extranjera es de origen africano y en Lleida un 35,8%. 2.- En un segundo grupo podemos encontrar aquellas provincias en las que el turismo es importante y en las que predominan nacionalidades de la Unión Europea, ya sea tanto por la inmigración turística como por la económica –principalmente Rumania. Es el caso de Baleares -52,4% o Alicante -62,6%-. 3.- Y en un tercer bloque se situarían aquellas otras en las que el sector servicios –cuidados domésticos y personales- es relevante y en el que se detecta un mayor peso de la población latinoamericana, en la que prevalece en muchas nacionalidades la mujer. Madrid sería un claro ejemplo de este tercer tipo de asentamiento con base en el área geográfica de procedencia, ya que tiene un 42,6% de población latinoamericana.

Gráfico 2. Población extranjera en algunas provincias por áreas de procedencia. 2010.

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Fuente: INE

En resumidas cuentas, y frente a visiones que propugnan que los flujos migratorios se dan de forma descontrolada, caótica o al azar, se alza una realidad en la que dichos flujos aparecen directamente relacionados con las necesidades económicas y laborales y se dan de forma organizada, ordenada y siguiendo lo que Miguel Laparra ha calificado como el potencial integrador de cada zona o región. Más aún, si reparamos a los datos sobre variaciones residenciales puede observarse para el caso del País Vasco que un 60% de la población extranjera ha ido del lugar de origen al de destino en un solo viaje. Este dato, en primer lugar, desmiente la idea de un proyecto migratorio basado en la lógica prueba-error y subraya la importancia de las redes sociales y familiares a la hora de elegir el lugar de destino. Pero además, hace pensar que aunque no se dé un contrato en origen, sí que en muchas ocasiones se puede dar un puesto de trabajo apalabrado en el lugar de destino y gestionado por las redes sociales y familiares de la persona inmigrante.

Este hecho nos lleva a una reflexión en torno a la gestión de los flujos migratorios. Y es que frente a una legislación de carácter restrictiva y limitada, se ha alzado una realidad económica y laboral que ha sido la que realmente ha encauzado la gestión de los flujos migratorios en España. Esta acomodación o gestión espontánea ha llevado a que la distancia entre realidad y regulación de la extranjería haya sido muy alta, tan alta como para que en el año 2003 la tasa de regularización –relación entre personas empadronadas y con autorización de residencia- fuera de un 49,7%. Dicho de otra forma, en ese año más de la mitad de la población extranjera se encontraba en situación administrativa irregular. En la actualidad esta cifra se sitúa en un 83,9%.

Todo lo apuntado en líneas precedentes describe someramente lo ocurrido durante el largo tiempo de bonanza económica. Pero con la irrupción de la crisis económica y de sus consecuencias son varias las incógnitas que surgen sobre la relación entre empleo y flujos migratorios, más aún teniendo en cuenta que algunos de los nichos laborales para el colectivo inmigrante han sido –y son- los que más duramente están sufriendo la crisis y el impacto del desempleo. Como consecuencia del desempleo se están detectando ciertas quiebras en los procesos de inserción de algunos inmigrantes. Más aún si cabe si se tiene en cuenta que el empleo es el eje de la integración para este colectivo y que de él depende en gran parte la situación administrativa. Así, puede destacarse que se da un continuum de estabilidad en el que a mayor estancia y mejor situación administrativa se da una mayor y mejor integración. Desde esta perspectiva, en algunos casos personas que ya habían transitado etapas a lo largo de este continuum se encuentran como consecuencia de la pérdida del empleo sin posibilidad de renovar la autorización de residencia y teniendo que empezar casi otra vez de cero y en una situación administrativa irregular sobrevenida, con todo lo que ello conlleva en materia laboral, social o económica. Aunque estas realidades quizás no sean todavía importantes en términos cuantitativos, cada vez se están dando más y ya se está denunciando esta situación desde diferentes ámbitos y sectores. Dada la importancia de la problemática resulta de interés vital seguir profundizando en este aspecto y sus consecuencias.

En definitiva, y de cara al futuro, aunque no parece que vaya a darse otra época gloriosa de los flujos migratorios en España, es probable que siga aumentando el número de la población extranjera, tal y como apuntan varios estudios. En un contexto como éste, en el que los flujos ser ralentizarán pero el número de residentes extranjeros será relativamente alto, habrá que dar respuesta no tanto a la acogida de los flujos sino a la integración de los ya residentes. Éste va a ser precisamente el gran reto en el futuro dentro de las políticas y las actuaciones en materia de inmigración.

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