Editorial: Es posible otro discurso migratorio

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Los pasados 29 y 30 de mayo, las elecciones municipales en diversas ciudades italianas deparaban una grata sorpresa. En Milán, Silvio Berlusconi había disparado su artillería mediática acusando al que finalmente salió elegido para alcalde, Giuliano Pisapia, de querer hacer de Milán una gitanópolis, llenarla de mezquitas, de ser un fan de Al Qaeda, y todo un rosario de barbaridades xenófobas. El método se había mostrado, hasta el presente, infalible para cosechar votos. Su aliado de la Liga Norte es campeón en esas lides. El populismo xenófobo, acusando a las personas extranjeras de ser la causa de los problemas de nuestras sociedades, venía dando réditos electorales y es algo que en Europa se practica, urbi et orbe, sobre todo cuando llegan las citas electorales.

Pues bien, en este caso, la chistera de los magos populistas falló estrepitosamente. El nuevo alcalde, en su primer discurso, remarcó que Milán volverá a ser afectuosa con todos y será conocida como la ciudad de la tolerancia hacia extranjeros, gitanos, musulmanes y gais. Y el líder de su partido proclamaba a su lado ante la multitud: “Saludamos a nuestros hermanos musulmanes y a nuestros hermanos gitanos”. Si esta imagen hubiera sido visionada por la gran mayoría de líderes europeos antes de las elecciones, la apuesta de todos ellos hubiera sido sin dudar: este tipo se está suicidando políticamente.

¿Qué podemos deducir de todo ello? Que es falsa la lógica con la que se viene moviendo la mayoría de la clase política en la UE de coger las banderas de la extrema derecha xenófoba, para no perder votos. Que es posible enfrentar a ese discurso xenófobo, del miedo y de los prejuicios, los valores sobre los que vienen construyéndose nuestras sociedades. Los valores de la igualdad, de la inclusión, de la vecindad, de la ciudadanía, de los derechos.

Sabemos, sí, lo fácil que se disparan las dinámicas xenófobas. En especial, si son aventadas por los discursos de los políticos o por un tratamiento inadecuado en los medios de comunicación. Pero no es el único discurso posible. Milán, la Italia en la que viene campando la derecha xenófoba en los últimos años, nos muestra ahora el camino. ¿Querrán seguirlo nuestros políticos?

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