Editorial: Las revueltas de Túnez y Libia dejan al desnudo a la UE

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Cuando en Túnez se lo peleaban para echar abajo todo el tinglado de corrupción y tiranía, y la opinión pública europea asistía sorprendida y con evidente agrado a una rebelión que reclamaba valores muy próximos a los proclamados en Europa, las instituciones europeas en seguida identificaron el peligro: van a llegar a nuestras costas miles de personas, a las que no queremos. Ante la llegada de varios centenares de inmigrantes y de solicitantes de asilo a las costas italianas, el gobierno de Berlusconi habló de emergencia nacional y exigió el despliegue de los medios de Frontex para impedir la llegada de más embarcaciones. La población tunecina que protagoniza este desplazamiento comprueba cómo en Europa están de acuerdo en que se muevan con libertad, pero eso sí, en su país. De lo contrario, se encontrarán frente al despliegue del dispositivo militar de Frontex.


Cuando en Libia, la revuelta pareció poner en jaque la tiranía y el nepotismo del régimen de Gadafi, éste sabía bien cuál era la primera tecla a tocar: dejaré de hacer de guardián de la UE y llegarán a las costas europeas legiones de menesterosos y terroristas de Al Quaeda. Eso, y los recursos petrolíferos eran la llave que le abrió, en el pasado, las puertas de todos los palacios y gobiernos europeos y le garantizó la impunidad para violar sistemáticamente los derechos humanos. Varios gobiernos occidentales han levantado la bandera de la defensa de una población que, ciertamente, corría el peligro de ser pasada a cuchillo si el régimen de Gadafi reconquistaba las poblaciones perdidas, para intervenir militarmente en el conflicto, con el aval de Naciones Unidas. ¿Qué credibilidad pueden tener en dicha afirmación quienes hacen de regímenes como el de Gadafi, que ni siquiera es firmante del convenio internacional para la protección de los refugiados, los guardianes de nuestras fronteras, violando para ello los derechos humanos, como hemos reflejado repetidamente en esta revista? Para colmo, ahora se quiere, nuevamente, invisibilizar a una parte de las víctimas del conflicto que habrían de recibir acomodo en los países europeos.


Migreurop, junto a otros organismos, viene documentando la existencia de poblaciones enteras víctimas de tropelías y de la xenofobia desatada, tanto en el campo gubernamental como en el rebelde, en particular con poblaciones del África negra. Ha reclamado que se prevea, también para ellas, medios de evacuación. Que se garantice su derecho a reclamar asilo allí donde crean que eso es posible. Pero las instancias internacionales lo más que les ofrecen, a algunas de ellas, es su traslado a Túnez y a Egipto, donde ni siquiera se les permite la entrada y quedan abandonados en tierra de nadie.


Hacer respetar los derechos de las poblaciones presentes en Libia empieza por uno mismo. Esto es, que la UE acoja a esos varios miles de personas que necesitan protección y que sólo pueden hallarla en territorio europeo. Y rechazar, definitivamente, la política de externalización de fronteras que viene contando, para hacerla posible, con la colaboración de regímenes déspotas y totalitarios que violan sistemáticamente los derechos humanos, tanto de sus propios nacionales como de quienes tratan de alcanzar territorio europeo en busca de una vida mejor.

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