“La culpa de ver la inmigración como un problema y una amenaza es de los medios”.

Entrevista a Nicolás Castellano, periodista especializado en inmigración

Nicolás Castellano ha recorrido el Magreb y parte del África sursahariana para informar sobre las personas que allí viven y emigran a Europa. Lo entrevistamos en Gijón, donde acudió invitado por el Encuentro Internacional de Fotoperiodismo 07. Allí habló de medios. De inmigración. De lo que hay en África. Y de la información que se vende en Europa.

¿Cómo nos presentan los medios el fenómeno de la inmigración?

Algunos periodistas hacemos esfuerzos pero creo que no es suficiente, ni será suficiente todavía para que la gente de aquí tenga muchos más argumentos para analizar un fenómeno que no es sólo de cayucos, que tiene muchas caras diferentes, muy amplio. Y para que la opinión pública se forme una idea sobre algo debe tener la máxima cantidad de información, pero no información estadística o sólo de una fuente. Y la línea de información de la inmigración en España es eminentemente policial.
Cuando nosotros hablamos de inmigración, tenemos que hacer autocrítica. Es decir, contamos a los inmigrantes, damos a conocer sus nacionalidades, y en el caso de algunos, además, por el tono que le ponemos parece que su nacionalidad es más chunga.
Por ejemplo, al principio cuando hablábamos de la inmigración hacia Canarias y los que venían eran magrebíes, por el tono chusco de los medios parecía que los inmigrantes magrebíes eran peores que otros.

Y continúan alimentando esos prejuicios.

Sí, la visión que trasladan los medios son los estereotipos. ¿Qué sale en los medios? Marroquíes delincuentes, que trapichean y ¡ojo porque su religión es chunga y puede pasar algo!
Ése es el estereotipo que tenemos y lo hemos construido los periodistas con las informaciones que damos. Yo he visto en periódicos de Canarias y en informaciones de agencias etc. utilizar el término alertar. He llegado a oír declaraciones de políticos locales canarios diciendo que en las pateras pueden venir inmigrantes terroristas islamistas.
En Fuerteventura en el año 2000 se decía, “hay que usar la Armada para dar la vuelta a las pateras en alta mar”. Y eso ocupaba líneas y líneas de periódicos. Nadie analiza eso, sino que si lo dice fulanito hay que ponerlo a todo trapo. Y ésa es responsabilidad del periodista. Lo que nosotros estamos creando, y seguimos haciendo a día de hoy a pesar de que llevamos un montón de tiempo recibiendo inmigrantes, es crearle la sensación a la gente de que vienen todos los días. Por ejemplo, en un informativo de televisión se habla de inmigración y te ponen la imagen de un cayuco, ni siquiera te dicen que es de archivo, con lo cual la imagen es que llegan todos los días.
En la radio, cuando se habla de inmigración, intentamos que se escuche al inmigrante, ir allí, escuchar sus motivos, escuchar cómo es Mauritania, qué características tiene, económicas, sociales, políticas. Ir a Senegal, Marruecos, Argelia, el Sáhara, etc. pero eso no se hace habitualmente. Los medios van allí cuando hay cadáveres, cuando hay espectáculo, sangre. Hay que vender. No me extraña que nos acusen de que hay medios que se lucran con la inmigración.

Algo de eso hay

Hay que hacer una reflexión sobre esto. ¿Qué queremos hacer, qué es un medio? ¿Sacar imágenes espectaculares del cayuco llegando, la camilla, cadáveres, y vendérselo luego a las agencias internacionales y forrarme con esto? Porque toda esa pasta que cobras vendiendo esas imágenes a Reuters tv o a Al Jazeera o a la CNN… ¿Por qué no tienes un equipo moviéndote por Mauritania, por Senegal, o por Mali para ver la sequía que la azota, o la plaga de langostas que azota el Sáhel, y explicas a la gente que ésa es la causa y que lo que está en nuestras costas es la consecuencia?
Y luego está la constante visión de los políticos y los medios de enfocar la inmigración como un problema. La inmigración no es un problema, es un derecho.

Hasta la ONU publicó hace unos meses una carta recordando lo mismo…
Sí, lo he leído, pero la ONU sin embargo tampoco hace demasiado, ni el ACNUR, que tiene oficinas prácticamente en todos los países, tampoco. Yo he visto situaciones sangrantes como la del Marine I en Mauritania. Gente con un perfil médico de brotes psicóticos, intento de autolesión… el informe de Médicos del Mundo es desgarrador y el ACNUR lo que hizo fue ir allí, entrevistarles, largarse y no elevar ninguna protesta internacional ni elevar ninguna solución. ¡Y es una institución internacional! Y que se supone que vela por los derechos de los refugiados y por los derechos de la gente que está en situación complicada. La mayoría de la gente del Marine I era de la zona de Cachemira, de una zona en conflicto bélico entre Pakistán y la India. Nadie les dio asilo. España asiló a 30 pero porque eran casos de libro, de persecución política en su país. Tenemos que reflexionar sobre si los organismos internacionales, construidos con mucha sangre en el siglo pasado supuestamente para velar por los DDHH, están haciendo su papel. Y desde el punto de vista de los medios, si nosotros estamos haciendo nuestra labor fundamental de denuncia para que ellos cumplan con su obligación. ¿Para qué sirve la carta de DDHH? ¿Para que te tengan durante 90 días sin ver el sol en una nave de pescado de Nuadibú como han tenido a los del Marine I? ¿Para que te tengan 40 días metido en un centro de retención?
El centro de Fuerteventura, la antigua terminal del aeropuerto que se cerró afortunadamente en el año 2003, era la vergüenza de este país y de la humanidad, porque fue Guantánamo II; estar ahí, sin ver la luz natural, durmiendo en colchonetas sobre el aeropuerto, 1.000 personas en un sitio para 160 con 2 baños, sin médico. ¿Y los medios de comunicación hicimos lo suficiente para denunciar eso? Sólo unos pocos. Nadie podía entrar al centro de retención. Ni Cruz Roja, ni ningún cooperante. Un grupo de compañeros hicieron un acto de protesta, se vendaron los ojos, pusieron una pancarta “¿qué esconden?” Se pusieron en contacto con Human Rights Watch y ante la vergüenza internacional, Rajoy como Ministro del Interior en aquel momento lo seguía negando, decía que éramos un país moderno y que eso no pasaba en España.

Creo que ése es un ejemplo de la labor del periodista. En el caso del Marine I, si no llegamos a ir cuatro periodistas españoles allí, los 369 ¡ni desembarcan! Los mandan para Guinea y no sabemos nada, como ha pasado con otros barcos. España, el Gobierno del talante, ha cogido a barcos como el “Happy day” que estaban muy cerca ya de las costas mauritanas con destino a España y los han desviado al sur y supuestamente desembarcaron en Guinea Conakry.

La solución policial esta que nos venden, y que ocupa una mayor cuota de porcentaje en los medios de comunicación, no sirve para nada. Este fenómeno no se va a parar ni con patrulleras, ni con policía, ni con leyes asesinas que han levantado el muro de la vergüenza que yo pongo entre Canarias y África. La gente está muriendo jugándose la vida, muriendo en los naufragios, en Mauritania y Senegal o en Canarias porque hay una ley que les obliga a jugarse la vida, cuando hay vuelos que conectan perfectamente Dakar con Madrid. ¿Por qué un español va a poder ir a Dakar de vacaciones en 2’5 horas o en 4 que dura el vuelo, por qué no un senegalés? ¿Por qué no darle un visado para que venga aquí a trabajar?
Creo que muchas veces hay cinismo político y falta de compromiso del periodista de denunciar lo que hay que denunciar. No deberíamos quedarnos en lo cómodo, en la dictadura de la agencia, de las costumbres. Siempre hablamos de cifras, de estadísticas y no descubrimos historias.

El periodista no es el único culpable de los mensajes transmitidos por los medios, pero debería de asumir su parte de responsabilidad.

Por supuesto. El periodista no puede ser una ameba que cuente datos, los inmigrantes no son hortalizas. No te puedes quedar en describir cada día… ¡y a pesar de todo lo hacemos mal! El teletipo es otra dictadura y las agencias. Muchos periódicos siguen hablando de inmigrantes ilegales, cuando no es un delito, es una falta administrativa. Seguimos hablando de llegadas masivas, de avalanchas, titulando en primera entre comillas invasión, barcos negreros, sin papeles, indocumentados, hemos inventado etiquetas. Y aquí, en este país, hasta el año 84 que no había ley de extranjería, todos salíamos con la boina y con las maletas. Y era un derecho que teníamos.
En Latinoamérica muchísimas ciudades fueron fundadas por canarios que salieron en balandros, para que ahora vengan dirigentes canarios a decir que es una invasión y que hay que pararlo. Los periodistas y los medios en general no pueden aferrarse a eso, pero no nos podemos olvidar que los medios son empresas informativas y que desgraciadamente muchas veces esa línea es difícil de separar, la de interés político y el interés de la empresa. Y ahí está el papel de los periodistas, de pelearse contra esa tendencia. Creo que se pueden sacar muchas más cosas. Hay periodistas que se excusan con la línea editorial del medio. Eso es lo cómodo para no buscarte un reportaje.

¿E incluso se podrían buscar grietas en ese sistema empresarial para poder trabajar en esa línea y dar una imagen positiva y realista de la inmigración?

¡Por supuesto! Nosotros, que somos acusados de determinada línea política (la SER), hemos sacado la vergüenza de las repatriaciones chapuza y nadie me ha dicho que no lo haga. Ésa es la labor del periodista, hacer que salga la noticia, que ayude a la gente a entender que España lo hace mal, en la época del Partido Popular y hoy en día, con ese discurso de moda en España sobre la presión de la derecha y en Europa con Sarkozy. Dicen que no vamos a hacer más regularizaciones y ¿qué hacemos con ellos? Son personas, que trabajan en la economía sumergida. ¿Los metemos en camiones y los deportamos? Si queremos evitar las regularizaciones contratemos en origen, legalmente. Evitaremos muertes, despliegues que cuestan millones y millones y que son ineficaces como el Frontex. Evitaremos muchos conflictos legales que tenemos ahora mismo. Hay que regular los flujos pero no verlos como en una tabla de multiplicar, estamos hablando de personas.
Todos los datos económicos hablan de que en los próximos años necesitaremos al menos 10 millones de inmigrantes. Hacemos que vengan, de manera irregular, que se jueguen la vida, se queden viviendo debajo de un puente en Murcia o Zaragoza, que sean tratados como esclavos, que los vayan a buscar empresarios españoles, de noche, los metan en un furgón, los lleven a la huerta, les paguen diez euros al día como mucho, les den un bocadillo, o no, y les vuelvan a soltar de vuelta de madrugada en el mismo sitio. ¿Para eso sí interesa el inmigrante? ¿O para el Ejército? Creo que hay mucho cinismo y creo que los periodistas tenemos toda la responsabilidad de la imagen que hay en la sociedad sobre la inmigración. Toda. Están los políticos pero los media tenemos que ser el escenario donde se los juzgue. ¿La opinión pública debe escuchar y ver retratado a un político que habla de invasión de inmigrantes? ¿Vienen acaso armados?
Después de 13 años llegando pateras no se puede hacer un titular con la palabra invasión en negrita.

El verano de 2006 nos contaban que Canarias estaba al borde del colapso con la llegada de inmigrantes. ¿Fue un fenómeno mediático?

En la dictadura de lo visual en que estamos ahora, que todo tiene que salir en la tele, el efecto fue que Canarias no podía más. Eso lo decían los políticos y la idea era “Canarias no puede más, Canarias se va a hundir, esto es insoportable para Canarias” ¡cuando nadie vio un inmigrante en la calle!
Y lo que no se contaba y ahí echo la culpa a los medios y a la administración, es que todos los días había vuelos a Senegal o San Luis, a Mauritania o a la península. Y la administración no nos dejaba ir a grabar para que la gente viera como algo natural que la gente llegaba. Pero no se quedan aquí, no nos quitan la comida, no nos cuesta tantos millones. En una tierra donde recibimos todos los años a 12 millones de turistas treinta mil inmigrantes no van a hacer que desaparezca el archipiélago. Se manipuló, y se usó políticamente para que un gobierno, que no estaba muy bien en Canarias en ese momento, cogiera fuelle. La playa de los Cristianos era un plató. Recuerdo un informativo de tv que pasó todo el fin de semana haciendo conexiones en directo, diciendo, "hemos conocido que este fin de semana llegarán 20 cayucos”. Es decir había una psicosis por culpa de titulares como “¡van a llegar miles!”. “Hay 10 millones de africanos con posibilidad de emigrar” decía el delegado del Gobierno.
Y no hay que olvidar los prejuicios de los periodistas. Yo he oído a periodistas que han ido a cubrir la llegada de inmigrantes en Canarias decir ¡si vienen con zapatillas Nike!”, porque el africano no puede tener zapatillas Nike…

¿El cambio climático es otro factor que empuja a la emigración en África?

Sí. El desierto del Sahara sólo crece, en Mali los cultivos desde hace 7 años no dan absolutamente nada, sólo en algunas zonas donde hay algunos pozos de agua, la plaga de la langosta ha arrasado toda la zona del Sáhel, en el Chad ha hecho estragos, en Mauritania, en Senegal… y todo esto es fruto de que nos estamos cargando el planeta. Estamos acabando con el ciclo natural de la pesca en toda la costa del África occidental, están perforando en busca de pozos de gas, hay vertidos. La gente se mueve, los desplazamientos del campo a la ciudad en Malí son brutales. Y de ahí, de Bamako, del sureste de Malí, del Sáhel, han venido en 2005-2006 a Canarias. Todo influye.
Y la otra cara de la moneda: nos encanta África para comprarles cuotas de emisión, los países desarrollados como India, China o EUA están comprándole a Senegal y otros países su cuota sobrante por grandes cantidades de dinero, porque los africanos no contaminan tanto, no tienen fábricas.

Tú has viajado a África, has hablado con ellos, ¿saben lo que les espera aquí?

Sí. Los inmigrantes, por mucho que se diga, no son paletos ni incultos, saben perfectamente en la mayoría de los casos adónde vienen, lo que se juegan y tienen el deseo de emigrar y el derecho a hacerlo. Tenemos que acabar con la imagen del emigrante muerto de hambre y que emigra. Por supuesto que, desgraciadamente, el hambre y la pobreza y las desigualdades son la gran bota de la emigración económica. En muchos países se da por un conflicto bélico pero el caso de Senegal da un golpe en el tablero de la inmigración, porque es una emigración eminentemente económica, son jóvenes con cierta formación, que han trabajado, que hablan idiomas, que no se mueren de hambre, que quieren emigrar. No hay que olvidar que la economía de esos países, el 33 % depende de las remesas del extranjero. Tú ves que tu vecino se ha ido a París o a Madrid, que manda 300 euros al mes y dices ¡yo quiero hacerlo! y me arriesgo. Hay muchas caras en la inmigración. Y no se puede generalizar de África. Y nuestro trabajo es intentar enseñar todas las caras e intentar que la gente no generalice. Y la culpa de que vean la inmigración como un problema y una amenaza nos la repartimos los medios.

Castellano es jefe de informativos de la Cadena SER en Las Palmas (Canarias)

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