Muerte en la frontera

Muerte en la frontera

RAFAEL LARA
ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS DE ANDALUCÍA

Es difícil que nos hagamos una idea de la situación de desesperación a que han llegado los centenares de personas provenientes del África subsahariana que aguardan una oportunidad para colarse por algún resquicio en las alambradas fronterizas de Ceuta y Melilla. Son seres humanos que vienen de países asolados por la guerra o por la miseria más descarnada o simplemente por la más absoluta falta de futuro y sin perspectiva de que exista. Hace poco, la ONU en su informe nos abrumó de cifras que nos resultaba difícil encajar: cientos de millones de personas que vivían con menos de dos dólares diarios. Cien millones de pobres extremos en África más que en 1990. Los rostros que nos miran tras las alambradas de Ceuta tal vez puedan hacer más fácil la comprensión sobre la magnitud de la tragedia que vive el continente africano.
Son personas que han atravesado media África pasando por un sinnúmero de penalidades. Y que cuando llegan a la frontera, a las puertas de lo que para ellos podría significar cambiar de futuro, tienen que soportar el trato inhumano de la policía y el ejército marroquíes. Vivir a veces hasta un año en condiciones peor que animales, en los bosques, sin techo bajo el que guarecerse, a veces sin comida o sin agua, hostigados permanentemente por las autoridades marroquíes, cuando no deportados ilegalmente al desierto entre Argelia y Marruecos.
A ello habrá que sumar la imposibilidad de atravesar la frontera, las dificultades para pasar en patera debido al SIVE, las expulsiones ilegales de la Guardia Civil documentadas o los disparos de goma o los malos tratos recibidos. Se comprenderá entonces que se produzcan estos intentos desesperados de atravesar las murallas fronterizas como los que estamos viendo estos días. Están en un túnel sin salida y no pueden volver atrás.
Se comprenderá también que estamos ante un grave drama humano de complejas soluciones. Sobre el que tendríamos que reflexionar. Sobre el que habrían tenido que reflexionar en la cumbre hispano-marroquí de estos días, más allá de comprometerse mutuamente a aumentar el grado de militarización y represión sobre los candidatos a inmigrantes subsaharianos.
La reflexión podría venir tal vez de la mano de considerar que son precisamente esas mismas políticas de rechazo y de control las que han provocado esta situación. Y que su continuidad no hace sino agravarla.
España, y la UE, vienen presionando a Marruecos para que controle la inmigración clandestina. Presión que ha llegado hasta el punto de condicionar la ayuda y la cooperación bilateral. Las personas africanas que hace un par de años esperaban en pensiones de la Medina de Tánger o de otras ciudades, fueron obligadas a huir a los bosques, luego perseguidas, apaleadas o deportadas. España ha conseguido finalmente que Marruecos realice el trabajo sucio para la UE. Gravísimas vulneraciones de los derechos humanos, que probablemente serían intolerables en nuestra sociedad, se realizan impunemente con los subsaharianos en Marruecos con el aplauso o el mirar hacia otro lado de la UE y el gobierno español.
El resultado es el que estamos viendo. Cinco muertos ayer en Ceuta, cuatro el mes anterior en Melilla. Los asaltos a la valla son fruto de la desesperación de personas que han atravesado media África y que se ven en un callejón sin salida. La responsabilidad de los gobiernos español y marroquí y de la UE al llevar a estas personas a esta desesperación es evidente. Y no se puede justificar de ninguna forma. Para cualquier persona debiera resultarle intolerable.
Cualquiera medianamente informado sabrá que en España casi un 90% de las personas inmigrantes legales (perdóneseme la expresión) fueron antes ilegales (perdóneseme aún más). Se pueden contar con los dedos de la mano los inmigrantes que no pasaron por su particular calvario de clandestinidad en España. Y ello se debe a que la legislación de extranjería es tan absolutamente cerrada que impide que nadie, y menos procedente del castigado continente africano, pueda emigrar legalmente a nuestro país o a cualquier otro país de la UE. Nadie quiere emigrar irregularmente, nadie desea en realidad emigrar. Los que lo hacen, lo hacen forzados por la situación de sus países de origen. Nosotros les condenamos a intentarlo en la clandestinidad.
La globalización capitalista les condena en sus países a la miseria y al hambre. Nosotros les impedimos emigrar legalmente, les obligamos a intentarlo irregularmente y luego les recibimos a tiros y desplegando al ejército en la frontera, como irresponsablemente va a hacer el gobierno ¡qué barbaridad!
Porque de eso se trata. De una barbaridad. Lo de Ceuta y Melilla ya no puede sortearse por parte del gobierno con algunas explicaciones exculpatorias por parte del director de turno o del Ministro del Interior. Hace falta una Comisión de Encuesta internacional, imparcial, con presencia de los organismos humanitarios que determine lo que está sucediendo realmente en la frontera y en los bosques que rodean Ceuta y Melilla, que establezca las responsabilidades pertinentes y que proponga vías diferentes, que son claramente posibles pese a la complejidad del problema, para abordar la situación. Porque el camino emprendido desde hace años por unos y otros gobiernos nos lleva a la indignidad y al desastre.

30-09-2005

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