El cine del exilio y la memoria ejemplar

EL CINE DEL EXILIO Y LA MEMORIA EJEMPLAR

Por Chema Castiello

Se ha puesto de actualidad la participación de los republicanos españoles en la liberación de Francia durante la II Guerra Mundial. El ayuntamiento de París, rompiendo un silencio de lustros, una construcción mítica de la liberación de Francia como obra, en primer lugar de los resistentes franceses de la Francia libre de De Gaulle, reconocía en un acto oficial de homenaje y memoria, durante el pasado mes de agosto, la destacada participación de miles de republicanos españoles, exiliados en Francia. La ocasión fue aprovechada por alguno de los homenajeados para resaltar que su participación en aquella contienda tuvo por objeto el combate al fascismo. Destacó también que Francia aún no había pedido perdón a los republicanos españoles por el trato recibido en los campos de concentración.

En una época como la actual, la recuperación de la memoria se nos ocurre un ejercicio indispensable y urgente. El artículo pasa revista a aquellos acontecimiento trágicos desde el ámbito cinematográfico y reclama, a la vez, una memoria ejemplarizante que tras iluminar el drama del exilio depare un mejor trato a aquellos que llaman en el momento actual a nuestras puertas.

1.- La memoria ejemplar

Reclama Tzvetan Todorov (2000), en un breve pero sustancioso ensayo, la recuperación de la memoria como ejercicio urgente del presente. Tras destacar el interés de los dominadores de todo tiempo en la eliminación de la memoria de los sometidos, o la más reciente construcción y apropiación de la memoria por los regímenes totalitarios, donde las interesadas invenciones ocupan el lugar de los hechos, señala que en las democracias liberales somos arrojados a un consumo acelerado de información que nos condena a festejar alegremente el olvido y a contentarnos con los vanos placeres del instante. La sobreabundancia de información puede conducirnos, con menos brutalidad, pero a la par con más eficacia, al reino de la barbarie pretendido por los regímenes totalitarios.

Cabe diferenciar entre dos usos de la memoria que se me ocurren fructíferos: una memoria literal y una memoria ejemplar. Se trata la primera de una memoria que cobra su tributo en el presente y permite actuaciones restitutivas que tanto pueden conducir al bien como al mal. Homenajear a los republicanos españoles exiliados en Francia y destacar su coraje y la trascendencia de sus acciones forma parte de este ejercicio de memoria. Pero también lo es la recuperación del pasado de sufrimientos y frustraciones para justificar un cobro en el presente, y donde a las víctimas de ayer se les tributa el dudoso homenaje de generar nuevas víctimas reparadoras. De aquí que la memoria literal sea portadora de riesgos si no es sometida a un sabio escrutinio ético, donde el bien y el mal sean objeto de reflexión.

Sin embargo, de la memoria ejemplar destaca Todorov su potencialidad liberadora. Interpreta que el recurso a las lecciones del pasado permite aprender de las injusticias para estar alerta ante situaciones análogas pues debe ser gratificador conmemorar a la víctimas del pasado pero más lo es ocuparse de las del presente. Así que el culto a la memoria convenga someterlo a un sabio escrutinio: ¿para qué puede servir, y con qué fin?

Es por ello que se me ocurre aplicar esta idea elemental, pero de trascendente contenido político a una página de nuestra historia reciente que por unas u otras razones, está alcanzando una cierta significación en nuestros días: el exilio republicano.

2.- Imágenes del exilio

La guerra civil española ha dado lugar a una ingente bibliografía y reclamado la atención de historiadores, ensayistas, novelistas y artistas de muy variada condición. Uno de los campos donde aquella contienda dejo su impronta es en el cine. En primer lugar porque entre las decenas de miles de compatriotas que no encontraron mejor destino que el abandono del país huyendo de la barbarie y vejaciones de los vencedores, se encontraba una amplia representación de profesionales del mundo del cine que algunos cifran en cerca de un centenar y otros en medio millar1 . Entre ellos, guionistas como el poeta Manuel Altolaguirre, el escritor Max Aub, Luis Alcoriza o Paulino Masip; escenógrafos como Manuel Fontanals y Vicente Petit; músicos como Gustavo Pittaluga o Rodolfo Halffter; cartelistas como el valenciano Renau; actores de la talla de José Baviera, Ana María Custodio y Ángel Garasa. Más conocido es el periplo de los directores españoles en el exilio, entre los que destacan con luz propia Luis Buñuel, Carlos Velo, Luis Alcoriza o José Miguel García Ascot.

Aquella aventura forzada no dio lugar, sin embargo, y más allá de algunas notables excepciones, a un cine del exilio. La nostalgia de lo perdido fue sustituida por la necesidad de vivir una nueva realidad que exigía dirigirse a un nuevo público que reclamaba sus propias historias.

La huella cinematográfica del exilio republicano tendrá otros derroteros y otros protagonistas. La simple cronología permite ordenar el material disponible y destacar que, pese a la inapelable acción del tiempo, aquellos dramáticos acontecimientos siguen suscitando la atención de cineastas de muy distinta condición.

2.1.- Refugio y exilio en la contienda

Según Román Gubern (1986) la guerra civil como experiencia informativa y propagandista, supuso un hito especial en el mundo de la radio, la fotografía de reportaje y en el cine donde cabe datar el nacimiento del cine de intervención bélica en su modalidad de audiovisual, surgida del encuentro de la imagen, el texto verbal y la música. Así pues, contamos con documentos fílmicos de aquellos dramáticos acontecimientos, imprescindibles como punto de partida para acercarse al fenómeno de los refugiados y exilados. Desgraciadamente algunos de los que existe registro están desaparecidos y supone una pérdida irreparable. Por otro lado, arduo resulta aún el visionado de lo existente al encontrarse dispersos los documentos en filmotecas y centros de documentación de distintos países.
Ya en plena contienda la solidaridad internacional facilitó que millares de niños y niñas se alejaran de los frentes de batalla y de las situaciones deshumanizadas que conlleva la guerra. Diversas organizaciones desarrollaron una intensa labor de acogida y refugio de los niños republicanos. Objeto de atención por los documentalistas de la época, se puede rastrear este tipo de actuaciones solidarias que ilustran el drama vivido en la España de la época en la filmografía soviética, británica, mexicana y francesa.

En la filmografía soviética se localizan reportajes como Sed Bienvenidos (1937), sobre la acogida de 1.500 niños vascos que llegan a Leningrado en el buque Santey y son recibidos por una multitudinaria delegación de pioneros. Niños españoles en la URSS (1937) y Nuevos amigos (1937), ilustran la actividad de los niños acogidos en el campamento de Artek (Mar Negro) y su convivencia con niños soviéticos;

En Gran Bretaña2 destacan Children of Spain 3 (1937) de Basil Wright, una película de 9 minutos producido por la British Movietone News Ltd., reportaje del traslado desde Bilbao a Southampton de niños vascos. Modern Orphans of the storm (1937), encargado por el Committee for Spanish Relief, muestra la llegada de niños vascos a Inglaterra y la instalación y vida cotidiana en un campamento a la espera de su realojo con familias. Saved Spanish Children (1937), cortometraje de 20 minutos muestra también el recibimiento y la atención dispensado a los niños refugiados en Inglaterra.

En México se realizaron Llegada de niños españoles a Veracruz (1937), un documental de 9 minutos producido por el Departamento Autónomo de Prensa y Propaganda de los Estados Unidos de México sobre la llegada al puerto de Veracruz de una expedición de niños españoles evacuados por las autoridades de la República. Niños españoles en Méjico (1938) se centra en ilustrar, durante 10 minutos, los internados de acogida, la actividad en las aulas y los momentos de diversión en los jardines durante las horas de descanso. Ambos documentales, según el Catálogo General del Cine de la Guerra Civil (1996) no están localizados.

La colère dans la nuit (1937), cortometraje de producción francesa, expone la atención que recibieron en Francia los niños evacuados de las zonas de lucha. La locución anima a los espectadores a contribuir a la campaña de solidaridad.

Todos ellos son documentales de apoyo a la República que a la par que muestran las consecuencias dramáticas que para la infancia tiene la guerra, mediante la incorporación de imágenes de bombardeos, huidas de la población, desamparo y muerte, destacan la labor de acogida y atención realizadas con los niños y hacen llamamientos a incrementar la solidaridad con las víctimas y con el régimen constitucional republicano.

El asunto fue objeto de atención cinematográfica en la España franquista. Dentro de la propaganda a favor del retorno de los exiliados como vencidos, a la que posteriormente me referiré, el drama de los niños refugiados fue abordado por el director Pedro Lazaga en El otro árbol de Guernica (1969) manteniendo aún las tesis del nacionalcatolicismo. Producida por Pedro Masó y basada en la novela autobiográfica de Luis de Castresana4 , muestra la evacuación por barco de los hermanos Celaya, Begoña y Santiago, junto con otros centenares de niños, desde el País Vasco a San Juan de Luz y posteriormente, en autocar, a Bruselas, donde cada uno va a vivir con un matrimonio sin hijos. Mientras Begoña se adapta bien, Santiago no admite a sus padres adoptivos y es internado en el colegio Fleury donde pronto mostrará su orgullo patriótico enfrentándose a los profesores que critican a España. Con el fin de la guerra Santiago y Begoña regresan a Bilbao. La película es un alegato a favor del régimen bajo la idea de que franquismo y españolidad son la misma cosa. La distorsión de la película llega al extremo de convertir la solidaridad con los niños republicanos en un acto de secuestro y manipulación. El film irritó la sensibilidad de países como Francia y Bélgica.

El periplo vital de los exiliados es objeto de atención por un cine con clara vocación documental que muestra el sufrimiento de un pueblo que lo ha perdido todo. La obra más significativa es Un peuple attend (1939) de Jean Paul Le Chanois. Se trata de un documental de 28 minutos donde se narra la caída de Cataluña y se denuncia el trato inhumano que los exiliados recibían por parte de las autoridades francesas, mostrando, en toda su crudeza, las espantosas condiciones de vida de los refugiados en playas como la de Argelés-sur-Mer, convertida en campo de concentración para albergar a 65.000 hombres. El film es claramente un documental de denuncia y combate. Reclama expresamente, en su inicio, la urgente necesidad de terminar con aquella situación inhumana por la que se hacía pasar a un pueblo derrotado cuya causa era la causa de las personas amantes de la libertad en un contexto europeo de crecimiento del fascismo.

2.2.- El regreso del vencido: el cine del franquismo

El regreso de los que perdieron la guerra aparece a partir de los años 50 en el cine del franquismo. Bajo la apariencia de una reconciliación posible, las películas de este periodo insistirán en la dialéctica de vencedores y vencidos y en un rabioso anticomunismo. Por ejemplo, en Rostro al mar (dirigida por un antiguo republicano, Carlos Serrano de Osma, 1951) se exhorta al regreso tras mostrar las peripecias de un comandante republicano huido a Francia que acaba en un campo de concentración soviético. Dos caminos (1953) de Arturo Ruiz Castillo, presenta a dos amigos, combatientes republicanos cuyas vidas se separan al final de la contienda. Uno (Rubén Rojo), se exilia. El otro (Ángel Picazo), se queda y ejerce como médico en un pueblo de los Pirineos. El regreso del exiliado como combatiente guerrillero permite el reencuentro. Herido en combate y atendido por su amigo, encuentra finalmente la muerte. Dos caminos era una llamada a la sumisión de los vencidos que persistían en luchar por la democracia, mostrando como contraste la pacífica integración ciudadana y profesional de los dóciles. Parecido espíritu anima Lo que nunca muere (1954), de Julio Salvador. Melodrama sobre dos hermanos separados por sus ideas. El uno, tras la derrota se refugia en la Unión Soviética donde es entrenado para realizar actos de sabotaje en la España franquista. El otro es un militar prestigioso que lucha contra un misterioso terrorista, descubriendo que es su propio hermano. En Murió hace quince años (1954), de Rafael Gil y guión de Vicente Escribá, un niño refugiado en la Unión Soviética, Diego Acuña (Francisco Rabal) regresa de adulto y conspira contra su padre, el coronel Acuña (Rafael Rivelles) que ocupa un importante puesto en la represión anticomunista. El encuentro llevará al niño a evitar el asesinato de su padre y a reconciliarse con su familia que es tanto como decir con su patria.

El juicio de Román Gubern (1986:121) sobre la finalidad política de este cine es rotundo: “La llamada a la reconciliación significaba una reconciliación a favor de los vencedores (…), pidiendo la sumisión de los rebeldes al orden franquista”. El régimen ofrece un espacio para la reconciliación limitado al ámbito familiar, a la unión de padres e hijos, de hermanos o de esposos. Y claro está, el rebelde solo tiene ante sí dos caminos: la sumisión que se deriva del reconocimiento de la derrota, o la muerte. No caben términos medios. En los años 50 no hay espacio para otros discursos. El lucha contra el comunismo será el nuevo ropaje de un régimen que esconderá así su origen fascista y dictatorial.

2.3.- Los nuevos cines: miradas singulares

Pero los años 60 contemplarán la aparición de nuevas corrientes cinematográficas que recuperarán una figura del exiliado alejada de los cánones del cine del franquismo. Tal es el caso de la película de José Miguel García Ascot En el balcón vacío (1962) y las obras de Alain Resnais La guerre est finie y de Martín Patino Nueve cartas a Berta, ambas de 1965.

La obra de Ascot tuvo muy escasa difusión, dada su producción independiente, pero mereció los elogios de la crítica y fue premiada en varios festivales. En 48 minutos presenta la guerra de España a través de los ojos de una niña que regresa de adulta, a los veintisiete años, para hacernos perceptible, a través de sus recuerdos personales, la hondura de aquella tragedia y las mentiras del régimen dictatorial.

La guerre est finie, con guión de Jorge Semprún no pudo ser vista en el Estado español hasta 1977 si bien su pase sólo fue posible en salas especiales y subtitulada. El exiliado es en esta caso un activista antifranquista, Diego, que ve confrontado su conocimiento de la realidad española con los planes de la organización, sus relaciones personales y el contacto con un grupo de jóvenes revolucionarios radicales. El conflicto entre memoria, conciencia, y deseo articula la reflexión del film, situando al personaje en un cruce de caminos donde ha de elegir entre la continuidad de una identidad fiel a la historia o la adaptación a una realidad irreversible que obliga a nuevas estrategias.

Una mirada singular sobre el exilio y la realidad nacional nos la proporciona también Basilio Martín Patino en Nueve Cartas a Berta (1965). Una de las obras cumbre del nuevo cine español que comienza a aflorar en los años sesenta, dando cuenta de la realidad del país y del hacer intelectual de una generación que o no conoció la guerra o su discurso está alejado de la retórica de los vencedores que había dominado hasta entonces la cinematografía española con su reiterativa, empobrecedora e histérica insistencia en los temas folclóricos e históricos. A través de un recurso literario, las cartas a Berta, hija de un exiliado republicano, el profesor José Carballeira, padre de la muchacha y afamado ensayista en universidades extranjeras, a quien el protagonista conoce en una breve estancia en Inglaterra, se da cuenta, en una mirada estrechamente ligada al documental, de la vida provinciana, gris e inmovilista de Salamanca con contraposiciones breves pero sugerentes a lo “extranjero”, aquel otro mundo donde habita Berta. El exilio es así tratado como un instrumento poderoso que permite establecer una contraposición entre “dentro” y “afuera” y en definitiva, facilita la crítica al relato impuesto de los vencedores.

2.4.- El cine en la transición: una nueva derrota

El cine ha producido obras también donde el expatriado se ve confrontado con el mundo perdido. Tras el regreso ansiado, la realidad con la que se encuentra echa por tierra el mito construido, mostrando que su tiempo ya ha pasado y la sociedad de acogida ya no es la conservada en la memoria. Pese a que la transición española corrió un tupido velo sobre aquel periodo de nuestra historia, el cine de la época trató, con mayor o menor fortuna, la vuelta a casa de los republicanos. Y lo hizo con algún tinte amargo: el país de su niñez y juventud había dejado de existir y a nadie parecía importar aquellos derrotados que habían dejado de ser parte de la memoria colectiva.

Muestras de ese cine del encuentro son El amor del capitán Brando (Jaime de Armiñán, 1974), que supuso recuperar en nuestro cine la figura del exiliado retornado que no se ve obligado a renunciar a sus ideas5 . Volver a empezar (José Luis Garci, 1982), regreso de un premiado escritor republicano a ciudad natal, Gijón, y al mundo de afectos de su juventud. El mismo Martín Patino da una vuelta de tuerca a su filmografía y nos presenta en Los paraísos perdidos (1985) a Berta en viaje desde la República Federal Alemana para asistir a la muerte de su madre y reencontrar el paisaje de su infancia en plena etapa socialista. El mar y el tiempo (1989) de Fernando Fernán-Gómez cercana a la comedia de costumbres, ofrece una mirada nostálgica al pasado a través del regreso de Jesús tras décadas de exilio en Buenos Aires. Después del sueño (Mario Camus, 1992) el encuentro con Santander de un exiliado que comprueba que las heridas de la guerra aún no están completamente cerradas.

2.5.- Y los documentales

Los documentalistas, atentos a dejar constancia de la realidad, no podían perder la ocasión de mostrar escenarios y protagonistas de acontecimiento tan trascendental.

Así, José Antonio Zorrilla realiza en 1978 Argelés, un documental de 27 minutos en homenaje a la II República donde cuatro militares republicanos narran su salida. al exilio, la vida en los campos de Sain Cyprien o Argelés y la participación en la resistencia francesa. Documentos TV bajo la dirección de Fernando Jauregui y Pedro Vega realiza una aproximación al exilio bajo el título de El exilio: La gran tragedia. Medio siglo después (1989). Se trata de una serie en tres capítulos cuya primera entrega está básicamente destinada a los niños enviados a la URSS mostrando, a través de entrevistas y de imágenes de época el recibimiento, la vida en las instituciones de la acogida, la suerte corrida durante la II Guerra Mundial y las dificultades del regreso. El segundo capítulo se dedica al exilio.

Y en el inicio del nuevo siglo el filón no parece agotarse como atestiguan obras espléndidas como la de Jaime Camino, Pedro Carbajal y Henri-Françoise Imbert. Camino, en su espléndido film, Los niños de Rusia (2001), recoge testimonios en su peripecia vital y en los acontecimientos históricos: la victoria de Franco, la invasión de la URSS por los ejércitos alemanes en 1941, los sufrimientos provocados por la Segunda Guerra Mundial, las características del régimen estalinista. Por su parte, Pedro Carvajal realiza el documental Exilio (2002). Producido por Televisión Española y la Fundación Pablo Iglesias, dio lugar a un homenaje al exilio republicano español mediante un ciclo de cine6 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid durante al año 2003. Los trabajos de Pedro Carbajal y Jaime Camino tienen una finalidad de memoria y justicia. Frutos del presente, responden a la oportunidad de recuperar una página de nuestra historia, arrumbada hasta el momento por una democracia que no ha tenido la valentía de revisar su propio pasado y rendir tributo a sus defensores. Devolver a la actualidad aquellos acontecimientos, recuperar la imagen y la palabra a los protagonistas que aún no nos han abandonado es un ejercicio elemental de justicia que ambos directores ejercitan con tino y oportunidad.

A medio camino entre memoria y actualidad se sitúa el documental del francés Henri-François Imbert No pasarán (2003). No pasarán recupera aquellos acontecimientos a partir del hallazgo fortuito de un conjunto de fotografía de época. Se da pie así a una investigación que es tanto tributo a los republicanos como crítica a la sociedad francesa por la acogida dispensada. Pero trasciende ambos aspectos para ejercitar una suerte de memoria ejemplar cerrando su documental con una nota de actualidad que es toda una declaración de intenciones: la situación de los inmigrantes retenidos en el campo de Sangatte, en el Canal de la Mancha, a la espera de una oportunidad para trasladarse a Gran Bretaña. Se vinculan así las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy en día. Sangatte es una muestra palpable de la siniestra actualidad del mundo del exilio, del trato injusto que reciben los que se ven obligados a abandonar su mundo. Y de la indiferencia.

La intencionalidad de la película del francés Henri-François Imbert nos permite cerrar este apresurado recorrido por el cine del exilio republicano reafirmando la apuesta inicial. Más allá de las cuentas que tengamos que ajustar con nuestra propia historia, la revisión de aquella época debe actualizarse también en otros escenarios y encarnarse en nuevos sujetos: los derrotados de la globalización que llega a nuestra puerta. Que nuestro país tenga una de las cuotas más baja de Europa en beneficiarios del derecho de refugio y asilo es muestra sangrante de nuestra pérdida de memoria. ¿Existirá capacidad para corregir el desaguisado?.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Amo, Antonio del y Ibañez, Mª Luisa (1996). Catálogo general del cine de la Guerra Civil. Madrid: Cátedra/Filmoteca Española.
Gubern, Román (1976). Cine español en el exilio. Barcelona: Editorial Lumen.
Gubern, Román (1986). 1936-1939: la guerra de España en la pantalla. Madrid: Filmoteca española.
Sánchez Noriega, J.L. (2002). Historia del cine. Teoría y géneros cinematográficos, fotografía y televisión. Madrid: Alianza Editorial.
Todorov, T. (2000). Los abusos de la memoria. Barcelona: Paidós.

  1. Por ejemplo José Luis Sánchez Noriega (2002:413) señala que la Guerra Civil provoca el exilio de medio millar de cineastas españoles.
  2. La labor de los documentalistas británicos en la guerra civil es sometida a crítica por Román Gubern (1986: 60) quien llama la atención sobre la “abstención consciente” del Movimiento Documentalista pese a sus ideales socialistas.
  3. En el Catálogo General del Cine de la Guerra Civil (1996) se señala que no existe ningún material, ni dato plenamente verificable sobre esta película.
  4. Luis de Castresana fue uno de los niños evacuados del País Vasco a Bélgica durante la guerra. Su novela El otro árbol de Guernica recibió el Premio Nacional de Literatura
  5. El éxito de taquilla débese, no obstante, a los pechos de Ana Belén que eran mostrados en una pantalla ausente hasta el momento de intimidades tales.
  6. Durante el ciclo de “Cine y exilio” que tuvo lugar del 1 al 6 de febrero, se proyectaron las películas Los niños de Rusia (Jaime Camino, 2001), Las huellas borradas (Enrique Gabriel, 1999), La guerre est fine (Alain Resnais, 1996), Después del sueño (Mario Camus, 1992) y el documental Exilio (Pedro Carvajal, 2002).

Cartelpequeño

BIZILAGUNAK 2019

Portada

Valla

Fotografía Amnistía Internacional

Banner Docu Sos Cast

Colabora

Colabora económicamente con SOS Racismo de la forma que tú prefieras:

Socios Es
Comunicación

Revista Mugak

Mugak64 65 Portada

nº64 Y 65