Los niños de la patera

LOS NIÑOS DE LAS PATERAS

Mercedes Jiménez. Antropóloga.
Colectivo Al Jaima

Un nuevo fenómeno migratorio se está produciendo en Marruecos desde finales de los años 90: la emigración de los menores de edad. Los niños, adolescentes y jóvenes menores de 18 años emigran solos a Europa cruzando la frontera de manera irregular. Hasta hace pocos días, la legislación nacional los protegía impidiendo su expulsión por ser menores.
Es bien sabido, que Marruecos es un país con una larga tradición migratoria a Europa. El periodo de máximo crecimiento de la emigración marroquí hacia el continente europeo, específicamente a Francia, se da entre los sesenta y principios de los setenta. Esta “mano de obra” procedía básicamente de la región del Sus y del Rif Oriental. Son principalmente hombres los que inician la cadena migratoria, una década después comenzarán a reagrupar a sus familias. Más adelante, en los años ochenta y noventa, surgen nuevos destinos y nuevos actores. España e Italia comienzan a recibir una nueva migración, las mujeres. Como dice la autora (Ramírez, 1996) la mujer marroquí comienza a adquirir una “autonomía migratoria”, éstas, se marchan solas; mujeres solteras, divorciadas, casadas y con hijos. Hoy por hoy, la cuestión migratoria en Marruecos es un elemento que afecta a todas las zonas y regiones.
Asistimos al comienzo de una nueva etapa protagonizada por los menores de edad. La emigración de menores empieza a producirse a finales de la década de los 90, apenas unos siete años.
Los menores que llegan a España proceden de varias zonas de Marruecos, destaca el origen urbano frente al rural y las ciudades del norte a las del sur. Los menores que viajan en pateras proceden de zonas rurales; frente a los menores que viajan como polizones o escondidos en los camiones, que proceden de las periferias de las grandes ciudades. Sobresale Tánger y su zona metropolitana como la principal ciudad de origen. Hasta finales del 2002, los menores emigraban principalmente como polizones en los barcos o escondidos en los bajos de los camiones (a excepción de los menores que emigran desde Tarfaya a las Islas Canarias, que sí utilizan la patera). Desde enero del 2003 comienza a aumentar el número de menores que llegan en pateras a las costas andaluzas. Esta sería una novísima variante, “la paterización” de la migración de menores.
El 24 de septiembre llegó a Tarifa una patera con 21 menores, el más pequeño tenía 13 años. Era la primera vez que tantos niños y adolescentes llegaban en una sola patera. Dos pateras más llegan en el mes de octubre, una el 16 y otra el 29 con un total de 49 menores. El 27 de octubre el Fiscal General del Estado responde con la Instrucción 3/2003 1 en la que se posibilita el retorno en 48 horas a los menores que tengan más de 16 años.
Estos hechos abren muchos interrogantes. La mayoría de los menores emigran sin el apoyo de sus familias y con algo así como el consentimiento tácito de los padres, que se sienten impotentes ante las escasas expectativas de futuro que pueden ofrecer a sus hijos. La presencia cada vez más frecuente de menores en pateras nos lleva a formular la pregunta: ¿Quién apoya al menor en proyecto migratorio? ¿Forma parte la migración de los menores de una estrategia familiar? ¿Existe la decisión en el seno de familia de apostar por el hijo menor de edad que tiene menos posibilidades de ser retornado frente a los hermanos mayores que sí pueden ser expulsados inmediatamente?. Indudablemente, sí. El chaval asume antes de tiempo un papel que no le corresponde, ser “el que saque a la familia para adelante”. Los menores participan del imaginario social donde la migración ocupa el lugar estrella. Por primera vez, la migración de los niños forma parte de una estrategia familiar, como un día se apostó por el padre o por la madre.
La migración de los menores es un efecto pernicioso de nuestra política migratoria, es decir, es una bofetada de realismo, la constatación más clara del rotundo fracaso del cierre hermético de las fronteras europeas. Nuestra política migratoria no gestiona ordena la migración, sólo la controla y de forma muy restrictiva. Estos menores sí pueden esconderse en las rendijas de nuestro Estado del Bienestar.
El Fiscal General del Estado sostiene que estos menores migrantes están prácticamente “emancipados” y viven de forma independiente, es decir, no son sujetos merecedores de ninguna medida de protección (al menos en nuestro país). La realidad es bien distinta, justamente estos menores son los más desprotegidos, por el fracaso escolar, por las tempranas experiencias laborares, por creer que la solución “está fuera”… Los chavales que emigran viven en su país una especial situación de desprotección, ante la cual tanto Marruecos como España prefieren cerrar los ojos. Es la exclusión social, y el deseo de salir de ella, de promocionar, de cambiar de vida, de buscar la vida, lo que les lleva a emigrar en busca de “papeles y trabajo”.
La Instrucción prioriza el carácter de inmigrantes ilegales y desdibuja su condición de menores. A esta lógica contradictoria se ven sometidos estos menores, una lógica que los protege por ser menores y otra que los expulsa, una lógica que los incluye y otra lógica que los excluye ¿Y luego le pedimos a ellos que sean coherentes?. Finalmente son ellos y muchos de los que se ocupan de acogerlos, los que se pasan el tiempo lidiando con las contradicciones: papeles que no llegan, menores que no pueden ser escolarizados, retornos sin garantías, desamparos no decretados, menores a punto de cumplir los 18 años y con la irregularidad como único futuro, menores que se escapan de los centros donde se les “aparca” hasta que pasan nueve meses, mafias que los usan para los “trabajos sucios”. Una verdadera “carrera de obstáculos” hacia la normalización.
¿Soluciones? Hace falta arraigarlos, enraizarlos, negociar su proyecto migratorio, agilizar los trámites burocráticos y evitar la indefinición competencial de las administraciones. Y retornarlos a casa si quieren, si es por su interés superior, si hay una medida que los integre, si no, volverán una y otra vez a intentarlo, porque como ellos me dicen, sólo tengo una cosa que perder: la vida.

  1. La Instrucción 3/2003 se titula “Sobre la procedencia del retorno de extranjeros menores de edad que pretendan entrar ilegalmente en España y en quienes no concurra la situación jurídica de desamparo”.

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