Orientalismo y neoorientalismo. La percepción europea del mundo íslamico

ORIENTALISMO Y NEOORIENTALISMO:
la percepción europea del mundo islámico
UNA CONVERSACIÓN CON ALFONSO BOLADO

Alfonso Bolado es director de la Biblioteca del Islam Contemporáneo de la Editorial Bellaterra y miembro del Consejo de Redacción de la revista Página Abierta. Especialista en Estudios Internacionales, persona dotada de una energía vital y de un sentido del humor envidiable, posee un conocimiento enciclopédico sobre el mundo del Islam, asunto al que ha dedicado años de estudio y de reflexión. Con un pensamiento documentado y crítico, conversar con él es tanto fuente de placer como ilustración impagable.

La entrevista transcurre en un contexto de creciente islamofobia. Tras el 11 de septiembre de 2001, la oposición Oriente-Occidente lleva camino de convertirse en justificación de una política de guerra. Tal hecho tiene repercusiones negativas incluso para aquellas personas que habitan en el espacio europeo y proceden del mundo del Islam. Se han convertido en sospechosas por la simple razón de poseer una identidad cultural sobre la que se cierne la sombra de la desconfianza.

Pregunta: ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cómo es posible que en el imaginario colectivo árabe y musulmán sea casi sinónimo de fundamentalismo y terrorismo?

Esta imagen es el resultado de un largo proceso de construcción donde el mundo árabe y musulmán se nos presenta como espejo deformante de nosotros mismos: ellos son la irracionalidad donde nosotros somos racionales, sumiso donde nosotros somos libres, fundamentalistas y fanáticos donde nosotros tolerantes, atrasados frente a modernos… Es cierto que en los últimos años ha adquirido unos perfiles más agresivos, pero la cosa viene de lejos…

Pregunta: Comencemos por las palabras. ¿A qué llamas tú orientalismo?

Hay que aclarar que no me refiero al término académico: los estudios orientales surgidos en Europa a partir del siglo XVIII. Lo utilizo, más bien, en el mismo sentido de Edward W. Said, como construcción ideológica, técnica y humanista, que pretende apropiarse del otro para poder dominarlo mejor, legitimando las políticas que algunos países occidentales desarrollaron en esa parte del planeta. Se trata de una construcción interesada del otro que es tanto justificación de dominio como expresión del mismo.

Pregunta: La visión estereotipada y prejuiciada del mundo árabe y musulmán que hoy tenemos es una construcción con siglos de historia que parece dotada de cierta coherencia…

La construcción estereotipada del otro es un proceso que no tiene por qué ser coherente. De hecho hay un orientalismo positivo, particularmente en aspectos lingüísticos, culturales y artísticos. Durante el siglo XVIII es frecuente encontrar testimonios donde el otro es paradigma de sentido común frente a nuestra estupidez y barbarie. Es el caso de Las cartas persas de Montesquieu1 o Las cartas marruecas de Cadalso2 , muy lejos de la visión actual del islamista como tipo barbudo, fanático y con metralleta.

La imagen actual puede rastrearse en el siglo XIX, el siglo del racismo y del colonialismo, la edad dorada del orientalismo. Pero tiene elementos más modernos, actuales, que denomino neoorientalismo, donde la distorsión es parte de una política de guerra que se sustenta en formulaciones como las de Huntington y su choque de civilizaciones o en los discursos xenófobos de Sartori y Oriana Fallaci.

Pregunta: Comencemos pues por el siglo XIX.

Es necesario resaltar dos aspectos cruciales de esa época. Por un lado, la revolución industrial que acontece en Europa y que requiere la conquista de nuevos mercados. La expansión colonial está limitada por el dominio español en América y ello hace apetecible el mundo oriental. Por otro lado, la Ilustración da cuenta de un universo ético y filosófico capaz de construir sociedades libres bien organizadas y superiores al resto. Esta superioridad permite el juicio y el ofrecimiento de soluciones a escala de humanidad.

Es en este contexto donde nace el orientalismo. Datándolo aún más tenemos que hacer mención a la Conferencia que pronuncia Renan el 21 de febrero de 1862 en el College de France. Su Leçon inaugurale puede considerarse como carta de presentación pública del orientalismo. En sustancia, y citando de memoria, viene a decir que “Toda persona medianamente instruida en las cosas de nuestro tiempo ve claramente la inferioridad actual de los países musulmanes, la decadencia de los estados gobernados por el Islam, la nulidad intelectual de las razas que han hecho de esta religión su cultura y su educación”. Como se puede comprobar, es una visión que ha resistido el paso del tiempo y se repite, aún, en la actualidad.

Expresiones de este pensamiento pueden rastrearse en el mundo del arte. La pintura de Delacroix, Fortuny, Ingres… muestran en sus cuadros de género oriental una serie de elementos exóticos donde sobresale la figura de la odalisca, una mujer desnuda, con un fondo misterioso, en espera pasiva del amante, del sultán colonizador que la haga suya, trasunto tanto de una percepción del Islam, como de las fantasías eróticas de los varones europeos de la época. Incluso Matisse y Picasso, en el siglo XX, continúan esa representación fantástica3 . En la literatura ocurre otro tanto. Pensemos en Victor Hugo, en Flaubert…

Pregunta.- O en Scherezade…

Sí, claro, también en la música con obras como Scherezade, El rapto del Serrallo, En un mercado persa… Una sucesión de mundos exóticos, de disparates que proporcionan una imagen de aquel universo presidida tanto por el lujo y la sensualidad, como por el abandono, la desidia y la apatía. Detrás de todo ello están los uniformes de los soldados europeos, franceses e ingleses, capaces de elevar de su incultura y dejadez a estos pueblos oprimidos por siglos de oscurantismo, fanatismo, opresión y tiranía.
Según se van implantando los europeos en oriente se va modificando la imagen de los arabo-musulanes y el exotismo y el atraso deja paso a una visión más degradada, convirtiéndolos en salvajes, torpes, sucios, extraños y repugnantes. Los estereotipos llegan a su punto álgido con generalizaciones que presentan a todos los musulmanes como atrasados, inferiores, carentes de un idioma adecuado pues emiten un sonido gutural incomprensible, pobres congénitos por falta de capacidad, traicioneros por falta de principios morales, mentirosos, ladrones, erotómanos esclavos de sus pasiones… A las mujeres se las transforma en personas lujuriosas inclinadas a la prostitución.

Debo destacar que los orientalistas manipulan la realidad, construyen un mundo inexistente y desposeen al otro. Sus ideas son tanto el vehículo de la colonización occidental como uno de sus efectos. Edward W. Said en **Orientalismo**4 aborda de manera espléndida esta construcción interesada, así como su finalidad depredadora.

Pregunta: Sin embargo, en el momento actual, junto con esa visión de inferioridad, indolencia y atraso congénito, se ha realzado la visión del mundo del Islam como enemigo de Occidente, un universo vinculado al fanatismo religioso y a la violencia terrorista. ¿Estamos ante una nueva construcción interesada?

Se puede hablar de una actualización del orientalismo más tradicional donde la teoría del choque de las civilizaciones de Hungtinton5 es una especie de bisagra entre el pensamiento orientalista tradicional y lo que yo llamo neoorientalismo. La tesis central de Hungtinton afirma que con la caída del comunismo han desaparecido los antagonismos entre estados y clases debidos a la existencia de diferentes modelos económicos. A partir de dicho momento las oposiciones reales en el mundo ocurren entre las civilizaciones. El problema comienza por la falta de aclaración de lo que él denomina civilizaciones pues habla de seis grandes civilizaciones de manera arbitraria, con generalizaciones tan gruesas que esconden las diversidades internas a cada una de ellas, llegando a la conclusión que el principal peligro para Occidente está en las sangrientas fronteras del Islam donde la umma (la comunidad de los creyentes) es una unidad por encima de las diferencias nacionales y en cuyo seno no se ha establecido una diferenciación clara entre religión y política.

Con estos prolegómenos llega a una conclusión estúpida: el problema central es el Islam, civilización diferente cuyos miembros están convencidos de la superioridad de su cultura y obsesionados por la pérdida de su potencia, guardando un rencor hacia Occidente que es tanto envidia como miedo y los convierte en nuestros antagonistas. El choque de civilizaciones es más bien un choque de las ignorancias. Como teoría no se sostiene. ¿Dónde existe un Islam? El Islam indonesio ¿qué tiene que ver con el marroquí?, por ejemplo. El wahhabi de Arabia Saudí ¿qué tiene que ver con las interpretaciones más abiertas del senegalés? Pura retórica. Es una construcción ideológica, un invento con muy poco apoyo en la realidad pero que viene como anillo al dedo para justificar la política de la administración estadounidense. Es una teoría que se descalifica por sí misma pero ha servido, entre otras cosas, para dar paso a una nueva percepción del Islam desde Occidente; es lo que denomino neoorientalismo.

Pregunta: Entremos ya de lleno en el neoorientalismo. ¿Qué elementos lo constituyen y quiénes son sus propagadores?

Hay que señalar que tiene cosas en común con el orientalismo. Recupera la idea de un Islam eterno, fiel a sí mismo. El oriental siempre ha sido irracional, siempre ha sido sensual, apático y poco dado a entrar en política. También como el orientalismo tradicional, el neoorientalismo se postula en nombre de la racionalidad y de los valores democráticos occidentales.

Las diferencias deben situarse, en primer lugar, en que sus propagandistas son, en su mayoría, personas que no son especialistas en el tema. En segundo lugar, en el hincapié que se hace en el Islam como enemigo global que ocupa todos los planos: el político, el ideológico, el religioso, el cultural. Por ejemplo, el Fukuyama6 del fin de la historia afirma tras los atentados del 11 de septiembre que parece que hay algo en el Islam, o por lo menos en sus versiones fundamentalistas, que hace a las sociedades musulmanas esencialmente resistentes a la modernidad. El Islam es el único sistema cultural que produce regularmente gentes que, como Osama Bin Laden o los talibanes, rechazan la modernidad de pies a cabeza. Presenta así un Islam violento, con un Mahoma violento, unos regímenes violentos, como fruto del propio Corán. De modo y manera que el análisis de la realidad concreta, de las experiencias históricas vividas, es sustituido por una cantinela que a fuerza de repetirse se presenta como verdad.

Identifican, por otro lado, en una clara referencia a la historia de Occidente, la separación entre Religión y Estado como una tarea inconclusa de las sociedades islámicas. La identificación de religión y estado en el mundo del Islam es tramposa. De hecho la religión siempre ha estado sometida al Estado, y no al revés. Es el Estado el que tiene ulemas a su servicio para legitimar a través de fatwas los actos del poder. Son justamente los islamistas los que han dado la vuelta a esto afirmando que hay que poner la religión en el puesto superior: un estado profundamente religioso debe aplicar los principios coránicos: la shari´a y toda la legislación política y civil. No se puede trasladar el papel de la religión en occidente, su historia y avatares, mecánicamente al mundo árabe y musulmán, donde la religión juega un papel muy subordinado al estado. En muchos estados es el Rey, como en Marruecos, a través del Ministerio de Asuntos Religiosos, el que dice de qué se habla y de qué no se debe hablar en los sermones de los viernes. El control que tiene el estado de la religión es inmenso.

Pregunta: ¿Más representantes de este postorientalismo?

Pues Bernard Lewis7 , un hombre sabio pero islamólogo de cámara de los sectores prosionistas y conservadores de Estados Unidos; Antonio Elorza8 , Catedrático de la Universidad de Madrid y hombre todo terreno que igual te habla de vascos que de Islam. Ha escrito últimamente un libro, Umma, en el que trata de buscar las raíces del pensamiento radical musulmán, de Osama Bin Laden, y tras diversos recorridos lo encuentra en El Corán, afirmando así que la violencia terrorista tiene una línea de conducción que remite al libro sagrado y no a los diversos acontecimientos vividos en esos países; ocultando, por otro lado, que el terrorismo tiene más relación con la Europa de finales del XIX y de gran parte del siglo XX, pero esa tesis obliga a otro tipo de reflexiones. Se trata de una construcción abusiva, una selección interesada de personajes que evidencia un pensamiento reiterativo. Podemos incluir también a Gilles Kepel9 , y su documentado estudio La Yihad donde reitera las mismas tesis.

A otro nivel, cabe incluir también a Sartori10 y Orianna Fallaci11 autores de dos libros que han alcanzado una cifra de ventas muy destacada. Ambos postulan que los musulmanes son inintegrables, que la idea de una sociedad multiétnica y multicultural es una barbaridad y lo que hay que hacer, simple y llanamente, es asimilarlos. El libro de Fallaci, un libro que debe serlo porque tiene páginas, pero que es una sucesión de insultos, sostiene la tesis de que su presencia en Europa responde a una táctica de conquista no sólo de almas, sino también de territorios.

Se trata de un pensamiento, por llamarlo de algún modo, con mucha fuerza y presencia política, presidido por la mala fe. Evidencia una islamofobia patológica. Todo este pensamiento está construido a base de trampas y de una lectura parcial e interesada de la realidad, pero sirve de manera espléndida a la política agresiva estadounidense que tenemos ocasión de contemplar en la guerra contra Iraq.

Nota: No es frecuente en una entrevista introducir notas bibliográficas. No obstante, creo que pueden tener interés como guía de lectura. Queda a vuestra disposición el mantenerlas, el eliminarlas o el colocarlas al final en un recuadro bajo el título de “Para saber más”.

  1. Montesquieu (1997). Cartas persas. Madrid: Ediciones Cátedra.
  2. José Cadalso (1981). Cartas marruecas. Barcelona: Bruguera
  3. Para mayor información véase la obra de la socióloga marroquí Fatema Mernissi (2001) El harén en Occidente. Madrid: Espasa.
  4. Edward W. Said (2002). Orientalismo. Barcelona: Debate.
  5. Huntington, S.P. (1997). El choque de civilizaciones. Barcelona: Paidós
  6. Francis Fukuyama (2001). Seguimos en el fin de la historia. http://www.arrakis.es
  7. Bernard Lewis (1990). El lenguaje político del Islam. Madrid: Siglo XXI.
  8. Antonio Elorza (2003). Umma: el integrismo en el Islam. Madrid: Alianza.
  9. Gilles Kepel (2000). La Yihad. Barcelona: Ediciones Península.
  10. G. Sartori (2001). La sociedad multiétnica. Madrid: Taurus.
  11. Oriana Fallaci (2002). La rabia y el orgullo. Madrid: La Esfera de los Libros.

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