El discurso racista de la prensa y la manipulación de los testimonios orales

El discurso racista de la prensa y la manipulación de los testimonios orales

Antonio M. Bañón Hernández
(Universidad de Almería)

La prensa, sin el menor género de duda, cumple una muy meritoria labor en la denuncia de actitudes y comportamientos racistas. Es justo reconocer esa función social más que positiva; ahora bien, sería una irresponsabilidad dejar de lado el análisis de sus propios comportamientos discriminatorios, dada su trascendencia social en la aprehensión de actitudes, valores y prejuicios. El Análisis del Discurso es una de las orientaciones científicas que más está contribuyendo, en nuestra opinión, al desenmascaramiento de estos comportamientos. Este trabajo se identifica, precisamente, con esta línea de investigación.
Digamos también que el racismo del que vamos a ocuparnos en el presente trabajo es el llamado racismo simbólico e indirecto y, naturalmente, de este tipo de racismo, inconsciente en muchas ocasiones, consciente en otras, no son los únicos responsables los medios de comunicación. En todo caso, de lo que se trata es de conformar una determinada representación discursiva en la que se intensifica la imagen negativa de los inmigrantes y se atenúa, por contra, la positiva. De igual forma, hemos de incluir aquí la atenuación de la imagen negativa de los que formamos la sociedad receptora de la inmigración y, por otro lado, la intensificación innecesaria de nuestra imagen positiva. Hemos seleccionado para la ocasión textos procedentes de lo que podríamos llamar prensa seria, no sensacionalista. Esto nos permite, además, indagar sobre esos procesos menos explícitos de discriminación, ya que en este tipo de medios es altamente improbable encontrar muestras lingüísticas de racismo directo.
Una de las estrategias discursivas más relevantes en la conformación de una imagen distorsionada de la realidad que afecta a los inmigrantes y al exogrupo etno-racial es la manipulación que los periodistas hacen de los testimonios orales de los que se nutren a la hora de elaborar sus informaciones. Las dificultades que conlleva la adaptación de la oralidad a la escritura parecen más que evidentes. El reconocimiento por parte de los teóricos de la transcripción de textos orales de la imposibilidad de reproducir con absoluta fidelidad los matices de cada una de las dimensiones que intervienen en este modo de comunicación es una prueba determinante en este sentido. En cualquier caso, toda transcodificación implica una inevitable manipulación. En lo que afecta al discurso periodístico, un excelente medio para observar la hibridación entre lo oral y lo escrito (Oesterreicher, 1996), esa manipulación resulta especialmente compleja. Hemos de hablar, por ejemplo, de una manipulación inmediata, la producida cuando no se graban las declaraciones del testigo, sino que se toman notas escritas de las mismas. En estos contextos, el testigo jamás dicta y el periodista no dice nunca al informante que hable más despacio, tanto para promover la espontaneidad como para evitar la imagen de desconocimiento, falta de preparación o desinterés. Frente a este tipo de manipulación, hablaremos, entonces, de manipulación mediata, cuando la transformación se produce sobre anotaciones o grabaciones ya efectuadas. Por otra parte, nos encontramos, igualmente, con una manipulación implícita, el abandono de unas fuentes y la selección de otras, y con una manipulación explícita, que se deduce del propio texto, contrastando las distintas versiones que de unas mismas declaraciones se muestran.
Así pues, partimos de la idea de que la manipulación es ciertamente inevitable; varios factores contribuyen a esta circunstancia: la adecuación de los matices propios de la oralidad a los límites establecidos por la escritura, en general; las restricciones grafémico-textuales específicas del género periodístico (Jiménez Cano, 1983) y también las determinadas por el tipo de texto concreto (entrevista, crónica, noticia, editorial, etc.); la relevancia informativa y, finalmente, la rapidez con la que se elaboran los documentos. Claro que esta legitimidad tiene sus márgenes, que son los que separan la mera reconversión o adaptación semántico-textual del mensaje de la transgresión semántico-textual (término que incluye la actitud subyacente al texto originario). Mediante este proceso de transgresión, en definitiva, se pueden transmitir, pongamos por caso, valoraciones desfavorables de la imagen del exogrupo étnico o racial o extremadamente favorables de la del endogrupo, los dos pilares axiológicos del discurso racista (directo e indirecto). Éste es, en concreto, el asunto que deseamos tratar: las técnicas de discriminación racistas en el paso de las manifestaciones orales a la escritura. Debe quedar claro que no se trata del estudio de las estrategias discriminatorias en los testimonios orales reproducidos por el periodista, sino de cómo la representación escrita de esos testimonios resulta discriminatoria (1), un asunto especialmente pertinente dada la dependencia que tiene la prensa con respecto a los mensajes orales, en especial la entrevista (2). En esta ocasión, además, nos detendremos exclusivamente en la manipulación sufrida por las distintas manifestaciones orales del exogrupo.
La primera información que queremos comentar es la aparecida en el diario BALEARES de Palma de Mallorca el 26 de junio de 1993. Aparece entrecomillado el siguiente titular: «"La integración de los niños gitanos en las escuelas no causa problemas serios"». El subtitular advierte de la persona supuestamente responsable de dichas palabras, «Según Aina Sastre, directora d’Acció Social del Ajuntament». El tercer párrafo de la noticia, sin embargo, dice así: «Según Aina Sastre, “no existen problemas serios entre los niños de la escuela”». El titular, que debe haber sido extraído de estas declaraciones, no sólo no se corresponde con el enunciado, sino que, sobre todo, no se corresponden con la intención enunciativa. Observando únicamente el titular, sin acudir al cuerpo de la noticia, parecería que para esta representante del Ayuntamiento la integración de los niños causa problemas, aunque no sean serios. Sin embargo, al contrastar esta afirmación con el testimonio real, apreciamos que se ha producido una sustitución del predicado no existen por el predicado no causan, especialmente marcado en el discurso sobre el exogrupo étnico o racial como pudimos comentar en otro momento (Bañón,1996:64-65), y que, además, dicha sustitución adquiere su pleno sentido al observar que se atribuye la responsabilidad exclusiva del asunto narrado al exogrupo, otra estrategia habitual en el discurso discriminatorio indirecto: a pesar de que Aina Sastre hablaba de «los niños de la escuela», el titular opta por el actor «los niños gitanos».
La segunda corresponde a la noticia titulada «‘Los gachís’ insinúan en el juicio que son perseguidos por racismo», aparecida en la página 12 de LA VERDAD del 10 de mayo de 1994 y alude al juicio que se llevó a cabo a tres miembros de una familia de raza gitana por supuesto tráfico de estupefacientes. Esta información es especialmente llamativa por el tratamiento dado al representar el discurso del exogrupo étnico. A pesar de la relevancia concedida a esas supuestas insinuaciones en el titular, posteriormente no se nos informa, en absoluto, de cuáles fueron las declaraciones de los testigos en las que se mostraban tales insinuaciones. Es un caso evidente de omisión del discurso oral del exogrupo, con el agravante de que ese discurso omitido era, como decíamos, el que había sido seleccionado para rellenar el componente perceptivo-textual más importante de la noticia: el titular. Por otra parte, hay que decir que en la entradilla se dice que «insinuaron que son perseguido por racismo» y el cuerpo de la noticia se iniciaba de la siguiente manera: «Las imputaciones de racismo insinuadas ayer tanto por alguno de los acusados como por sus letrados defensores parecieron tener poco fundamento». Existe una cierta contradicción semántica entre la supuesta falta de explicitud del decir del exogrupo (insinuar) y la contundencia aparente que,al mismo tiempo y paradójicamente, se le atribuye (imputar o persecución). Es una curiosa mezcla de grados que tiene por objeto la atenuación del discurso inculpatorio del exogrupo hacia el exogrupo, proceso corroborado mediante la cláusula parecieron tener poco fundamento.
Junto a la omisión del discurso del exogrupo, también encontramos casos de (con)fusión del discurso de los individuos pertenecientes al exogrupo. La noticia titulada «La etnia gitana en Turre, ejemplo de convivencia a seguir»(LA CRÓNICA, 10 de octubre de 1994, pág.12) es, en realidad, una entrevista a dos habitantes de Turre de etnia gitana llamados Francisco Santiago y Manuel Giles. Sin embargo, las respuestas siempre son introducidas mediante la letra® y las preguntas mediante la letra (P), procedimiento habitual en este género periodístico pero que, en el caso que nos ocupa, tiene como consecuencia la homogeneización y la amalgama del discurso de ambos testigos y la pérdida de identidad en tanto que individuos que opinan sobre un determinado tema. Nos atreveríamos a aventurar que esto no hubiese sucedido si la entrevista se hubiese hecho a dos miembros relevantes del endogrupo. Además, en esta misma noticia aparece otro de los mecanismos típicos del discurso discriminatorio indirecto, el aprovechamiento y la intensificación del discurso autodiscriminatorio del exogrupo. A la primera pregunta efectuada por el periodista: « ¿Cómo recuerdan ustedes o cómo le han comentado sus mayores que se vivían las fiestas de San Francisco de Asís?», uno de los entrevistados (no sabemos cuál de ellos) responde: «Siempre se han vivido con armonía en el pueblo. Actualmente han cambiado debido a la evolución que ha sufrido la sociedad en todos los aspectos, pero hemos de decir que en Turre no existen los problemas de convivencia entre gitanos y castellanos que parece ser que hay en otros pueblos. De hecho, pensamos que donde hay problemas de discriminación, con respecto a nuestra etnia, a veces no es la gente del pueblo, los payos, los que nos discriminan, sino que hay algunos por parte gitana a los que les cuesta integrarse». El argumento parece claro: la tradicional discriminación que ejerce el endogrupo mayoritario sobre los gitanos no se da en Turre, pueblo que, en este sentido, puede calificarse como una excepción, hasta el punto de que ahora las dificultades de integración son responsabilidad, más bien, de algunos gitanos. Por otro lado, la sexta pregunta fue la siguiente: «De todos es sabido que la convivencia entre payos y gitanos en Turre es muy buena, ¿creen ustedes que debería ser un ejemplo a seguir en otras poblaciones?». Contrastemos, entonces, las anteriores declaraciones de uno de los vecinos del pueblo y esta pregunta con el titular elegido. En efecto, dicho titular, aparentemente, es una valoración positiva del exogrupo. Sin embargo, tal y como está redactado, da la impresión de que se habla de la convivencia entre los propios gitanos de Turre, cosa que no es cierta, puesto que la noticia trata de las relaciones entre los gitanos y los payos de Turre. Bajo la aparente presentación positiva, pues, del grupo étnico minoritario, lo que en realidad se hace es responsabilizar del triunfo o fracaso de la convivencia interétnica a uno sólo de los grupos, lo que contradice el semismo propio de la palabra convivencia, que reclama inevitablemente la intervención de dos actores sociales distintos. En ese caso, la redacción más adecuada hubiese sido: «Turre, ejemplo de convivencia a seguir», «Gitanos y payos de Turre, ejemplo de convivencia a seguir» o «Payos y gitanos de Turre, ejemplo de convivencia a seguir». Lo curioso del caso es que también se ha transgredido el sentido de las palabras de uno de los testigos, ponderando implícitamente sus alusiones a la responsabilidad de los propios gitanos en el proceso de inserción social y eliminando las referidas al endogrupo mayoritario, así como el sentido de la formulación de la pregunta en la que el periodista sí hablaba de «convivencia entre payos y gitanos».
En otra entrevista, titulada «Las tribulaciones de un ‘moro’ ilegal en España» (LA VERDAD, 10 de febrero de 1991) volvemos a apreciar con nitidez la intensificación del discurso autodiscriminatorio del colectivo inmigrante. Si aceptamos que los medios de comunicación pueden funcionar como refuerzo del status quo y del control social (Imbert, 1992:51) al transmitir determinados valores y estereotipos sociales y lingüísticos (Fischer, 1990:154), hemos de aceptar también la responsabilidad de esos mismos medios en este proceso de asunción de etiquetas verbales discriminatorias por parte de las propias minorías marginadas. No podemos perder de vista que, cuando la asunción del discurso discriminatorio se observa en unas manifestaciones directas del marginado social al periodista, el proceso sólo puede ser bien interpretado si tenemos en cuenta que el periodista es adscrito, en este contexto interactivo, al exogrupo poderoso (poder decir, de decir y de hacer ver). Algunos periodistas muestran una sensibilidad especial a la hora de reproducir la asunción del discurso discriminatorio, lo que tiene consecuencias desde el punto de vista social e ideológico, dado que los medios de comunicación de masas, además de crear y difundir actitudes para el grupo de los no marginados, crea y difunde expectativas sociales también para los propios grupos marginados (Reardon, 1983:226-227). En el diario LA VERDAD del 10 de febrero de 1991, se observa la asunción por parte de un inmigrante magrebí residente en Murcia del término despectivo moro. Leemos en la séptima línea de la última columna: «Ahora soy un moro, un inmigrante ilegal, uno de los miles de árabes que se encuentran en situación irregular en España». Curiosamente, esta denominación (moro), pronunciada con toda probabilidad de forma irónica, aunque nada se diga en este sentido por parte del periodista, aparece reproducida al comienzo de la noticia, antes del titular, en el mismo titular y, por si fuera poco, al pie de una foto del joven inmigrante argelino. Excesiva reproducción del proceso de asunción, sin duda. Para los discriminadores, el discurso autodiscriminatorio es la fórmula más poderosa de supuesta confirmación de sus opiniones racistas, clasistas, sexistas, etc. El discurso autodiscriminatorio, al fin, sigue los patrones de lo que se conoce como acomodación al estereotipo o adecuación a las expectativas (3).
El último mecanismo en relación con la discriminación indirecta que surge del traslado de testimonios orales a la escritura y que deseamos mencionar es el uso de la aparente sinonimia para dar a entender que incluso los miembros del grupo inmigrante opinan que en la sociedad española no hay racismo. El 11 de junio de 1994, leemos en LA VERDAD de Murcia una entrevista realizada por la periodista María Cuchillo al Presidente de la Asociación de Trabajadores Marroquíes en España, Abdelkader Ouarzazi. El titular es: «"No es cierto que emigremos para no morirnos de hambre"». Y el subtitular: «"Aquí no hay racismo real, sino malentendidos"». El entrecomillado de ambas frases nos hace pensar que estamos ante declaraciones textuales del entrevistado. En realidad, el señor Ouarzazi fue preguntado en estos términos (comienzo de la segunda columna): «¿Se ha enfrentado con situaciones reales de racismo en España?». Su respuesta fue ésta: «En España hay un racismo en tres vertientes: cultural, político y social, pero no existe un racismo directo, porque los españoles están acostumbrados a acoger a los inmigrantes. Existen malos entendidos, pero no ese tipo de racismo como el apartheid». La transgresión del sentido de la declaración es escandalosa; nada más alejado de la realidad que decir que Abdelkader Ouarzazi opina que en España no hay racismo real, sino malentendidos, toda vez que lo que dice es que hay un racismo encarnado de manera tridimensional y que no hay racismo directo, epíteto fundamental en el análisis sociológico del racismo moderno, lo que no es igual que decir que no hay racismo real. Se trata de proporcionar una imagen positiva del endogrupo, transgrediendo los términos exactos de la reivindicación y negando la existencia misma de actitudes racistas. La periodista, antes que analizar y reproducir la respuesta de su entrevistado, toma los términos de su propia pregunta como punto de referencia: en ella sí aparecía el adjetivo real.
Para finalizar, nos gustaría destacar la rentabilidad que, desde nuestro punto de vista, tiene este tipo de análisis crítico del discurso, del que apenas hemos podido ofrecer una pequeña muestra, para la enseñanza de los llamados temas transversales en relación directa con la enseñanza de la lengua.

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