Análisis crítico de las noticias

Análisis crítico de las noticias

Teun A. van Dijk
Permítaseme comenzar con una breve definición de lo que yo entiendo por análisis «crítico». El análisis crítico es partidista, toma posiciones del mismo modo que lo hace el análisis «acrítico». No obstante, y al contrario que otros tipos de análisis, describe explícitamente su posicionamiento, es decir, el análisis crítico formula sus objetivos sociopolíticos, sus normas y puntos de vista y no los niega, ni los ignora ni tampoco los disimula. El análisis crítico, además, se dirige a temas o problemas sociales, y también a paradigmas académicos, aunque no de manera primordial. No se trata de una rama de la investigación ni de una disciplina, sino de un tipo de análisis y de acción, que puede (o debería poder) imprimir carácter a cualquier investigación seria. De este modo, el análisis crítico convierte en funcional la investigación académica dentro de los objetivos de un marco sociopolítico más amplio. En tercer lugar, el análisis crítico se centra en problemas experimentados y definidos por grupos dominados, en lugar de hacerlo en los de aquellos que ocupan el poder, la élite, la clase dominante. El análisis crítico opera a través de la solidaridad. En cuarto lugar, el análisis crítico examina los mecanismos sociopolíticos, históricos y culturales que sustentan la reproducción del poder, y por lo tanto presta una especial atención al análisis de aquellas ideologías que alimentan, reproducen o legitiman el poder. En quinto lugar, el análisis crítico es teórico e interdisciplinar, y no reduce los fenómenos sociales, políticos y culturales, por no hablar de los problemas graves, a un simple modelo teórico. Para finalizar, un análisis crítico de calidad no solamente contiene principios, sino que también es práctico, efectivo y, por lo tanto, flexible; no solamente se dirige a la comprensión teórica, sino que además aporta sugerencias, soluciones y alternativas, y se aplica por lo tanto en la formulación de antiideologías y estimula la resistencia. En efecto, no solamente quiere describir el mundo, sino que desea cambiarlo.
Estas propiedades principales del análisis crítico son particularmente relevantes en el análisis de discurso y otras prácticas sociales que manifiestan contradicciones sociales, dominación y resistencia a través de formaciones sociales y de instituciones de índole diversa. No es necesario detallar aquí los ejemplos principales, porque son harto conocidos. Con posterioridad a la investigación crítica sobre las clases, se ha llevado a cabo un estudio más reciente sobre género y raza, centrado en el análisis de características de la dominación blanca y masculina.

Poder, ideología y medios de comunicación

Los medios de comunicación juegan un papel muy específico en estas estructuras sociales; tanto si se trata de instituciones privadas como estatales, los medios(dominantes) están, ante todo, fuertemente asociados con las formaciones sociales y las instituciones dominantes. Dicha asociación puede no ser monolítica ni libre de contradicciones, pero en cualquier caso es coherente. La mayoría de periodistas en nuestro mundo occidental son blancos, hombres y de clase media; pertenecen a grupos sociales que están representados en su ideología y prácticas sociopolíticas, lo cual se refleja cuando elaboran las noticias. Las ideologías contenidas en esta práctica se han ido forjando lentamente durante su período de socialización profesional, aun cuando exista una variación individual y una resistencia incidental contra el consenso dominante. A menudo dichas ideologías coinciden, en parte al menos, con las de los profesionales del Estado, corporaciones privadas u otras organizaciones que actúan como fuentes de información y socios en la comunicación, o bien que pagan su publicidad. Las mismas ideologías también sustentan las definiciones profesionales acerca del criterio que decide qué merece la pena ser noticia.
A nivel organizativo, la posición de poder de los medios dominantes puede parecer, a veces, ambivalente, pero en general es coherente con la de las formaciones dominantes y las instituciones de la sociedad. Utilizamos el término «coherente» según la definición gramatical para denotar una relación social entre grupos e instituciones en las que no se excluye la existencia de inconsistencias o contradicciones de acción concretas o locales, pero cuyas ideologías básicas no son inconsistentes, compartiendo, además, principios básicos similares. Dicho término puede también, incluso de forma más apropiada, utilizarse para denotar una relación similar entre ideologías distintas entre sí. Si recurrimos a la lógica del término, podríamos decir que las ideologías son «consistentes» cuando de forma sistemática producen contradicciones (conflictos, lucha). Una ideología que no es consistente con la dominante se llamará, por lo tanto, «contraideología».
Muchos periódicos o canales de televisión en el mundo occidental son propiedad de empresas multinacionales, o bien sobreviven únicamente gracias a la financiación o a la publicidad de grandes corporaciones o bien por medio de subsidios estatales. Aun cuando una ideología prevalente asuma que en «nuestras sociedades democráticas» la política editorial es independiente del control corporativo y estatal, e incluso cuando los periodistas tengan una libertad relativa (dentro de los márgenes variables de latitud), resulta obvio que no pueden practicar una ideología incoherente con la de los propietarios de una corporación o de los dirigentes estatales. Dicho control no necesita practicarse siempre por medio de una intervención directa ni de la censura; es muy posible que sea sutil e indirecto, por ej., por medio de unos valores o normas compartidas o por un conjunto de principios similares subyacentes a la interpretación y evaluación del entorno social, político, económico o cultural, es decir, a través de ideologías coherentes. Los periodistas que practiquen una ideología incoherente no encontrarán trabajo si lo buscan o se les privará del mismo si no acatan las normas, al menos en apariencia. En otras palabras, la posición organizativa e institucional de los medios de comunicación demuestra su participación en el complejo tejido de la dominación sociopolítica y económica. Evidentemente, la situación es idéntica para los medios dominantes y sus periodistas, aunque no así para los medios radicales o alternativos (Downing, 1984).
Este análisis sociopolítico de los medios de comunicación y de los fundamentos estructurales de la producción de noticias en términos de relación de grupo y de clase y de control económico es, aunque bastante sucinto, el marco propicio para un examen de la crucial dimensión cultural de los medios de masas (Hall y otros, 1980). En las sociedades industrializadas, por consiguiente, los medios de comunicación son la institución principal de (re)producción ideológica, probablemente más importantes que el sistema educativo propiamente dicho aunque a decir verdad hemos visto que los medios de comunicación y, por lo tanto, los periodistas, no realizan esta tarea en solitario. Los programas informativos, películas, publicidad, televisión y demás formas de discurso producidas para el público consumo están esencialmente coproducidas con los productores de textos utilizados como fuente de información, es decir, con grupos de élite u organizaciones de poder aun cuando los que trabajan en los medios de comunicación sean quienes aporten su formato final y su formulación.
No obstante, las definiciones dominantes de los temas de interés, problemas, grupos, conflictos y sucesos de la vida social están construidos por o para periodistas; así pues, las prioridades, la prominencia, la relevancia y la representación de los trabajadores mediáticos y las élites políticas, corporativas, sociales o culturales se comunican con el público de forma persuasiva. Todo ello no significa que los medios de comunicación conformen la opinión pública de forma directa ni las opiniones individuales. Las macroestructuras sociales no predicen las microestructuras, sino que únicamente especifican su posible variación y sus límites (Curran, Smith y Wingate, 1987). Son aquéllas las que preparan los principios de percepción públicos, definen las estructuras de comprensión y, por lo tanto, la forma global del consenso básico de las ideologías dominantes. Después de (y también por medio de) la socialización familiar y la comunicación entre amigos, así como conjuntamente con las escuelas, los medios de comunicación son esencialmente los mediadores de los significados favoritos, y por ello también tienen a su cargo grupos tales como los intelectuales, que obtienen su poder de su capital simbólico, de los recursos que les permiten formular y comunicar con persuasión sus significados favoritos desde un buen principio (Bourdieu y Passeron, 1977). En otras palabras, los medios de comunicación desempeñan un papel crucial en la reproducción de la hegemonía y del control «moderno» basado en el consenso y estructurado ideológicamente. Este breve análisis sociocultural de los medios de comunicación y de los periodistas en relación con su clase o posición institucional, así como su participación en la reproducción de ideologías dominantes, servirá de telón de fondo al análisis crítico de discurso referido a los informativos aparecidos en la prensa.
(…)

Análisis crítico de los textos informativos

Una gran parte de lo que hemos argumentado hasta ahora sugiere también lo que se debería hacer para analizar de forma crítica los textos informativos propiamente dichos, de lo cual se desprenderían las preguntas obvias que debería efectuar la investigación (véase también Cohen y Young, 1981): ¿Quiénes son los actores (protagonistas y secundarios) de las noticias? ¿Quiénes los actores activos (agentes) y quiénes los participantes pasivos (pacientes)? ¿Qué acciones se describen, se subrayan o se ignoran? ¿Qué fuentes se citan y cómo se legitimizan? ¿A quién se cita (o no) y con qué formulación estilística?
Estas preguntas de análisis se relacionan directamente con las condiciones del proceso de elaboración de noticias y no son «inherentes» al artículo informativo, sino recurrentes universales de la narrativa o del discurso. Cada una de dichas preguntas presupone la variación, elección y decisión en muchos niveles del análisis textual y, a su vez, cada elección presupone creencias, opiniones, actitudes e ideologías. Casi ninguna propiedad estructural del texto es ideológicamente neutral (Kress, 1985). (…)

Conclusiones

Este estudio ha abogado por un análisis crítico de las noticias.
La combinación de los recientes desarrollos en el análisis crítico del lenguaje, del discurso y de la comunicación con el creciente interés en el estudio de la información me impulsan a decir que el análisis crítico de noticias merece una atención especial porque es un área importante de investigación académica y de acción.
Simple y llanamente, el análisis crítico de las noticias presupone un análisis sistemático de las mismas. Como ya he indicado, dicho análisis no debería limitarse a la interacción usual de análisis macrosociológicos, económicos o históricos referidos a los medios de comunicación ni a la investigación de los efectos o usos mediáticos, posiblemente combinados con análisis de contenido sofisticados pero superficiales por definición. En su lugar necesitamos un sólido conjunto teórico sobre los informativos mediáticos. Desde nuestra perspectiva, dicha teoría es interdisciplinaria por definición e incluye, por lo tanto, un componente macro y otro micro. A este último nivel deberíamos explicitar las estructuras y estrategias precisas de la producción de noticias en el contexto organizativo y social de las mismas, además de los procesos de producción de textos informativos y su comprensión, para después relacionar ambas teorías con otra acerca de las estructuras del discurso informativo. Sólo un esquema interdisciplinario de este tipo nos permitiría integrar los análisis a la dimensión crítica o, por el contrario, poder controlar nuestros análisis por medio de preguntas críticas acerca de la comunicación informativa en nuestra sociedad.
El análisis de los procesos de producción muestra que una aproximación al discurso también sería relevante en este caso, puesto que una gran parte del proceso de producción es, así mismo, una forma de procesar textos. Los periodistas tienen por costumbre leer otros mensajes mediáticos o teletipos de agencia, notas de prensa, asistir a conferencias de prensa, entrevistar, hacer llamadas telefónicas y consultar documentos, es decir, que la producción de textos informativos es esencialmente un proceso de reconstrucción en el que la selección, exclusión y resumen desempeñan un importante papel. Por supuesto, estos procesos están, al mismo tiempo, controlados por el conocimiento, las creencias u otras cogniciones sociales de los periodistas entre las que se cuentan sus actitudes políticas y también el reglamento profesional, las estrategias y los valores informativos generales.
Una buena parte del impacto crítico del análisis de noticias se centra en las condiciones de este proceso de producción, y es aquí donde el poder y la ideología juegan su papel más tangible. De este modo hemos podido constatar que la producción de noticias se forma con relaciones de poder tanto internas como externas. La estructura jerárquica de la mayoría de equipos editoriales efectúa su conformación interna, mientras que la externa es obra de la dialéctica de poder entre los menos poderosos o las instituciones, organizaciones o grupos más poderosos, que en ambos casos son los clientes (por ejemplo, la publicidad) y las fuentes de información y los actores de noticias. Los periodistas adquieren la ideología dominante que controla sus interacciones cotidianas con los diversos grupos sociales, a través de la socialización y de la educación, y también por medio de la experiencia profesional de su tarea. Dicho control puede demostrarse en los más pequeños detalles del procesado de un texto informativo: con quién entran en contacto durante una de sus salidas diarias, con quién hablan, quién accede a qué, qué declaraciones o acciones se toman en serio y a quién se considera un testimonio o una fuente de información fidedigna. Estas cuestiones tienen respuesta al nivel textual de elección de tema y a nivel de jerarquía en términos de prominencia en su presentación (lugar, tamaño, titulares, etc.), de descripción estilística de actores y de acciones, colocación de citas, estilo de la frase sintáctica y retórica de persuasión.
En otras palabras, un análisis crítico de producción significa a su vez un análisis sistemático de los resultados de estas prácticas de elaboración de noticias controladas ideológicamente. Mientras que algunas propiedades del discurso informativo pueden explicarse en términos de estrategias para una comunicación efectiva y de su relación con los lectores, la mayor parte de sus puntos específicos precisan una explicación en términos de las condiciones particulares de la elaboración de noticias y de la reproducción sociocultural en general. Como hemos visto, un análisis de discurso sistemático nos permite describir explícitamente los detalles sutiles de una organización textual, así como relacionarlos a ciertas propiedades del proceso de producción. La variación estructural de un texto puede expresar, manifestar, denotar, connotar, describir o legitimar las propiedades del contexto de producción, con inclusión de las relaciones de poder y de dominio.
La dimensión ideológica del análisis crítico en la producción de noticias y sus estructuras no se limita simplemente al estudio de legitimación del poder por medio de una representación mediada por las masas de los diversos grupos de poder en la sociedad o en el mundo. El papel de los medios en general y de los informativos diarios en particular desciende a unas condiciones mucho más fundamentales para la reproducción de dichas relaciones de poder y que pueden resumirse así:
1. El discurso de información pública aporta las condiciones principales para la reproducción y la construcción del conocimiento en la mayoría de culturas y sociedades industrializadas.
2. Dicho conocimiento no es «objetivo», sino «sesgado», en el sentido de que está vinculado a los intereses de grupos de poder que disponen de los recursos para anteponerse a la formulación de una definición dominante de la situación social.
3. Las organizaciones mediáticas participan en esta estructura de poder. Dentro de unos márgenes flexibles de posible desacuerdo u oposición, los medios de comunicación reproducen generalmente este sesgo de conocimiento. Los medios de comunicación (junto con, por ej., la enseñanza pública) pueden considerarse al respecto como la división simbólica o la «voz» de la estructura de poder.
4. No obstante, este proceso de reproducción, no está siempre libre de dificultades. Es posible que se vea limitado por los procesos relativamente autónomos de la producción de discurso mediatizado por las masas y que, por lo tanto, conduzca a varios tipos de transformación, como son la exageración retórica o la mitigación y, en especial, la distribución de prominencia.
5. En lugar de «transmitir» las creencias dominantes directamente, los medios de comunicación construyen una estructura interpretativa. Puesto que la definición de la situación es bastante general, no se limitan a transmitir o prescribir «aquello» que la gente debería pensar, sino «cómo» deberían hacerlo; en otras palabras, los medios de comunicación no solamente delimitan las fronteras sino que también aportan el material de construcción para el consenso público, y de este modo fijan las condiciones de establecimiento y mantenimiento de una hegemonía ideológica.
6. No obstante, el proceso de producción ideológica no es unilateral. No sólo se dirige del poderoso al público en general a través de los medios, ya que la elaboración de consentimiento puede también implicar una orquestación de disconformidad que refleja la estructura de poder. Las condiciones socioeconómicas también contribuyen a los contenidos y a las formas de «opinión pública» y dentro de unos márgenes flexibles pero controlados de protesta y resistencia los medios de comunicación llevan el feedback hasta la estructura de poder.
7. Con respecto a los demás grupos e instituciones de poder, los medios de comunicación pueden presentarse como vox populi y de este modo fijar los límites del poder de las demás instituciones sociales dominantes, lo cual no significa, sin embargo, que los medios de comunicación actúen como una tercera fuerza independiente o neutral, como si se tratasen de un árbitro entre el Estado (u otras instituciones poderosas) y el público. Los medios de comunicación son parte integrante de la estructura de poder dominante, pero sirven, por así decirlo, de relaciones públicas (críticas en algún momento) y no solamente (re)presentan las élites al público, sino que también informan a aquéllas de parte de los clientes menos poderosos. Al mismo tiempo, los medios de comunicación pueden actuar como agentes dialogantes entre los diversos, y a veces opuestos, grupos de poder.
Estos pocos puntos indican con brevedad la complejidad del marco ideológico y los muchos conflictos (a veces reales, otras aparentes) de intereses que conforman el rol sociocultural específico de los medios de comunicación y, en particular, de la producción de noticias. A pesar de sus posibles variaciones, de la latitud del desacuerdo y de la oposición, y de sus acciones autónomas, algunas veces la mayoría de medios informativos operan como un «mediador» (agentes, dialogantes, representantes) simbólicos e ideológicos de la estructura de poder. Los procesos de elaboración de noticias y las estructuras del discurso informativo muestran cómo se puede llevar a cabo esta tarea de la forma más eficaz.
El argumento principal de este trabajo mantiene que las diversas relaciones de poder se exhiben en un discurso informativo de forma sistemática. El análisis crítico de las noticias se fundamenta en teorías y métodos sutiles y sistemáticos del discurso analítico, permitiendo una reconstrucción de estas relaciones de poder, además de una perspectiva de las estrategias simbólicas que permite conocer cómo se reproducen y legitiman estas estructuras de poder.

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