Abriendo camino a la intolerancia

Abriendo caminos

Parece que fue ayer cuando el grueso de dirigentes de la UE se rasgaban las vestiduras por la participación del grupo político de Haider en el gobierno austriaco. Se oyeron palabras de grueso calibre. Algo así no era de recibo en la democrática Unión Europea. Incluso se llegaron a esbozar tímidas medidas de presión. Poco tiempo hubo de pasar para que las cosas, incluso las apariencias, cambiaran radicalmente. Al olor de la sardina electoral, en la que se vende bien la “firmeza” frente a la “ola” de inmigrantes que amenazan con “invadirnos” si no se toman medidas, vino Berlusconi, con su periódicas salidas de tono xenófobas y su ración de ministros de la reconvertida extrema derecha italiana. Vino el gobierno danés con su lote de medidas restrictivas para los inmigrantes, aplaudidas por la extrema derecha. Y ya todos los gobiernos se apelotonaron en levantar las banderas más “firmes” contra los peligros de la inmigración. Así pudimos ver el mano a mano de Le Pen con Chirac por la presidencia francesa y el auge del voto xenófobo en Holanda.
España está demostrando que sabe moverse cómodamente en esa ola, dentro y fuera de sus fronteras. La medida de más impacto mediático adoptada durante la recién finalizada presidencia española de la UE, ha sido la de impulsar toda una panoplia de medidas contra lo que llaman la inmigración ilegal. Y para consumo interno, además de amenazar con una nueva reforma para endurecer la Ley de Extranjería (y van…), ha puesto todos los medios de su parte para establecer una relación directa entre delincuencia e inmigración (inmigración “irregular”, cuando afinan). Todo vale para preparar el terreno de cara a adoptar medidas de reforzamiento del arsenal legislativo y policial contra los inmigrantes no deseados. Aunque ello sea a costa de ir abonando el terreno para que se instalen en las mentes de la gente ideas xenófobas que, todavía ayer estaban ausentes por estos pagos. En Francia llamaron a este fenómeno la lepenización de los espíritus. Con la excusa de frenar a Le Pen, las fuerzas políticas cogieron sus banderas: preferencia nacional, la seguridad por encima de todo, guerra a la inmigración irregular, expulsión (ahora de forma coordinada a nivel europeo) de todos los inmigrantes que no tengan papeles… formulándolas con un envoltorio más democrático y siempre levantando el espantajo de la extrema derecha: para que no llegue la extrema derecha ¡levantemos sus banderas!
De esta forma asistimos a un progresivo aumento de la preocupación en la opinión pública española por la inmigración. Según el sondeo del CIS correspondiente al mes de mayo, el 23,8% de las personas encuestadas sitúa a la inmigración como uno de los tres principales problemas (junto al paro y el terrorismo), cuando el mes anterior, abril, la cifra era del 14,3%; ¡casi un 10% de aumento en sólo un mes!
No es de extrañar que la vicepresidenta austriaca dijera, con ocasión de la cumbre de Sevilla, que lo que hace unos meses les criticaron tanto a ellos es hoy moneda corriente en la política de la UE.
Virgencita como antes. O en su versión laica, otros vendrán que bueno te harán.

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