Recomendaciones en el tratamiento periodístico de las minorías

Recomendaciones en el tratamiento periodístico de minorías

Raúl Martínez. Observatorio 2000

La llegada de personas desde otros territorios o culturas supone un importante cambio social acaecido en las últimas décadas en Europa y los últimos años en este país. En el ámbito comunicativo significa un incremento de las informaciones acerca de estas nuevas minorías en los medios. Unos medios que se revelan como fundamentales en la promoción de la integración de estas personas, la eliminación de los prejuicios raciales, la promoción de la armonía en la convivencia social y asegurar la presencia de las minorías en los mecanismos de información.
Los medios de comunicación, por tanto, se enfrentan a un importante papel como creadores o generadores de la imagen de los ‘alóctonos’ (término utilizado en Europa como referente de ‘autóctono’ y que quizá pudiéramos utilizar). Una parte importante de la población percibe a estas personas en función de la imagen y la idea que muestran los medios de comunicación dada la ausencia de un contacto directo con minorías. Esta situación comporta una responsabilidad relevante por parte de la profesión periodística y su papel en los procesos de integración.
Reconocida la influencia mediática se proponen las recomendaciones para ayudar a las/los periodistas al tratar informativamente estas cuestiones. Y se realizan por diversas instituciones en toda Europa: las Asociaciones y sindicatos de Periodistas de Holanda, Bélgica, Francia, el Reino Unido o Cataluña; las recomendaciones de Leganés en Madrid, l Public Broadcasting for a Multicultural Europe (PBME) y, en abril del 2000, por el Foro de la Inmigración en el País Vasco.

Las recomendaciones

Todo empezó a mediados de los ochenta cuando la National Union of Journalists del Reino Unido publicó las ‘guidelines’ (pautas o directrices) de actuación de los periodistas y posteriormente fueron recogidas por las asociaciones de periodistas de otros países del norte de Europa. Se inicia un debate cuya primera cuestión es convertir una especie de obligación de las pautas en unas ‘recomendaciones’ que aceptan las dificultades y lo poco productivo de intentar imponer directrices a la profesión periodística.
Y es que el gran objetivo de las recomendaciones es ofrecer un foro de discusión en torno al tratamiento periodístico de las minorías y convertirse en un necesario primer paso en la concienciación periodística. Reflejan propuestas similares a la resolución adoptada en 1986 por el Congreso Mundial de la Federación Internacional de Periodistas: ‘El periodista debe poner cuidado en el peligro de discriminación provocado por los medios y generada, entre otros elementos, por la raza, el sexo, la orientación sexual, la lengua, la religión, las opiniones políticas y de cualquier otro tipo y los orígenes nacional y social’. Las propuestas, con ciertas peculiaridades, responden a determinadas cuestiones básicas generales.
• Se ha de tratar a cada persona como individuo y no como representante simbólico de un colectivo homogéneo. Atención a expresiones del tipo: ‘Los … son responsables de…’; ‘los … trabajan mucho…’; ‘los … venden droga’ …

• En torno al léxico, se recomienda especial atención y rigor en la denominación de los individuos y grupos minoritarios, así como en la adjetivación. Cuidado con términos tales como ‘ilegales’; ‘de aspecto agitanado’; ‘terrorista islámico’; ‘oriental impenetrable’; ‘de nombre impronunciable’…

• Todas las recomendaciones y Códigos de Conducta de Periodistas (CCP) propugnan, de acuerdo con el derecho fundamental de no discriminación, por no mencionar la raza de la persona, la nacionalidad, la religión, la cultura, el país de origen o el nombre si no es indispensable para la información. El uso de nombres y apellidos cuando se trata la violencia estigmatiza y es utilizado para una supuesta confirmación del estereotipo de extranjeros asesinos cuando el nombre es Ahmed o Fátima o procede de Casablanca o Argel. La razón es que se aplican determinados actos criminales a culturas específicas. Para decidir si es útil o no dar ciertas informaciones hay que tener en cuenta dos aspectos: el perjuicio que causaría a la noticia no dar esas informaciones y el daño que podría producir al interesado o a su colectividad si se mencionan, en la medida en que esas informaciones puedan reforzar los estereotipos racistas.

• En el mismo sentido, se propugna por la exactitud y el equilibrio. Vigilar la espectacularización de las cifras. Fuera de contexto, el abuso de los números lleva a caracterizaciones negativas en términos de ‘invasión’, ‘alud’, ‘grandes oleadas’, ‘amenaza de bomba demográfica’… Explicar, por el contrario, una realidad que muestra porcentajes de inmigración inferiores al dos por ciento.

• La información de calidad y el respeto a la libertad de expresión de toda la sociedad se identifica con el tratamiento de los acontecimientos desde todos los puntos de vista. La inmigración tambien tiene voz y cosas que decir. A menudo el desconocimiento y la falta de contactos con miembros o representantes de estos colectivos llevan a tratar la información sin la opinión de los más afectados. Presencia de las minorías como sujetos activos y fuentes de información con voz propia.

• Se recomienda huir de la exclusión de las minorías con el nosotros/ellos al presentar la información. Evitar la tendencia a mencionar a los grupos minoritarios sólo en relación con conflictos, situaciones dramáticas, sucesos, delincuencia… Incrementar la participación, aparición y representación de diversidad cultural y étnica de la sociedad enfatizando la positiva influencia mutua de las culturas entre países, religiones e ideas evitando las caracterizaciones mediante estereotipos perniciosos.

• Papel activo/militante del periodista en su función de promotor de circulación de ideas u opiniones que contribuyen en la creación de una sociedad plural y participativa. Compromiso y refuerzo de informaciones de minorías en contextos de normalidad en la vida social.

• Cuando la información relevante presenta cuestiones racistas o confirma prejuicios contra inmigrantes, debe aclararse que no es un hecho generalmente aceptado o se considera legítimo. En el mismo sentido aplicarlo a puntos de vista que injustamente denominan gente o instituciones como racistas.

• Algo que se relaciona con una necesaria visión crítica de la extrema derecha y su discriminación étnica. Se ha demostrado que silenciarlos no es la solución, pero sí es posible su contextualización y su control. En algunos países, los periodistas han conseguido disolver varios grupos, simplemente, dando a conocer un análisis crítico del programa político del partido y los discursos de sus dirigentes y a través del análisis crítico de su estructura organizacional y su ideología. Se ha de evitar el fácil acceso de los dirigentes de extrema derecha a los medios con un lenguaje que propugna el racismo y el prejuicio. Los medios han sido ‘víctimas’ y vehículos ‘supuestamente objetivos’ de estrategias de la extrema derecha que claman sensacionalistas y provocativas frases que los medios recogen a toda plana y caen en la estrategia de enfocar las informaciones sobre minorías a la inseguridad, la delincuencia y el desempleo.

Un par de apuntes finales

El debate se ha puesto en marcha y debemos entablar las discusiones hacia las fórmulas que ayudan en la integración de los ‘alóctonos’. El objetivo se mantiene: iniciar el debate y concienciar a la sociedad en general y a los periodistas en particular acerca del papel que juegan. Un debate fructífero que lleva quince años en Europa y aún se mantiene con propuestas, congresos, reuniones…
Sin embargo, en torno a las ‘recomendaciones’, no deberíamos olvidar que algunas de las propuestas no inciden sino en el respeto de leyes básicas de nuestra sociedad. La Convención Internacional por la Eliminación de toda Forma de Discriminación Racial de NNUU en 1965 en el que se propugna por utilizar la libertad de expresión sin abuso ni prejuicios; la resolución 110 (II) de la Asamblea General de NNUU de 1947 condenando toda forma de propaganda que busque el enfrentamiento o la agresión; y las diversas Declaraciones Universales de Derechos Humanos plasmados en las constituciones nacionales democráticas… son cuestiones que hemos de exigir, sin ambages, de la profesión periodística. Podemos y debemos exigir que no se discrimine a ninguna persona, que se le de voz a las minorías, exigir que nadie manipule la verdad contra unos pocos o que nadie pueda incitar a la violencia o la agresión de otras personas en función de sexo, religión, cultura o ideología… Y la profesión no debería necesitar ‘recomendaciones’ para evitar estas circunstancias.
Quizá los medios no crean el racismo, pero pueden ignorar esta cuestión o tratar de cambiarla. En este sentido, diversas investigaciones muestran que sin estas recomendaciones, la tendencia de los medios es confirmar, mediante estereotipos, las percepciones y actitudes racistas y xenófobas de parte de la audiencia. Estas actitudes se manifiestan en la marginación por omisión de la realidad de los ‘alóctonos’ al no aparecer en los medios y la necesidad de su presencia como profesionales, como fuente de la información, de opinión… Su presentación es vista como el elemento exótico. Y fundamentalmente, la excesiva aparición de las minorías mencionadas en un contexto negativo relacionado con dificultades y problemas que generalizan acciones de personas determinadas a toda la población.
Las ‘recomendaciones’ están. Ahora es el turno de ver cómo se aplican y se tienen en cuenta por los profesionales de la comunicación. Observar el papel y la concienciación de la profesión ante la llegada de otras personas a compartir esta sociedad.

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