Prevención

Prevención

Teresa Calo

Hace unos diez años pisé por primera vez Almería. El Ejido, precisamente. La visita fue corta. Llegar, actuar y partir. Nos trataron de maravilla. En la hora libre que tuve, intenté encontrar una cabina de teléfonos. No supe. Recuerdo un pueblo andamiado, construyéndose a gran velocidad alrededor de un núcleo minúsculo de casitas viejas. A lo largo de una de las futuras nuevas calles, pude contar más de diez sucursales de cajas y bancos. Al fondo, un mar de plástico: los invernaderos, el origen de la prosperidad.
Años más tarde, una amiga me invitó a Rodalquilar, en el Cabo de Gata. Flechazo. Llegué, el paisaje me invadió y, a la vez, me hizo un hueco. Desde entonces tengo un romance intermitente con esa costa a la que siempre quiero volver. Cuando lo hago, releo el “Campos de Níjar” de Goytisolo, que narra un viaje de cinco días por la zona, entonces una de las más pobres de Europa, hace cuarenta años. Lo cierro y sonrío. No más niños ciegos por el polvo. No más viejos que caminan horas para intentar vender su única mercancía.
He sentido cierta inquietud al ver que parte del bienestar se obtiene vendiendo fincas a europeos ricos. Inquietud que se riñe con mi afición a las sociedades plurales. No creo que quede nada por añadir a todo lo que se ha dicho y escrito sobre la barbarie xenófoba que está viviendo El Ejido. Es aterrador ver en qué se puede convertir el ser humano. Sumarme a las críticas me parece menos interesante que intentar comprender, porque pienso que comprender ayuda a evitar. Si tuviera el poder fantástico de aislar a cada uno de los habitantes de esa comunidad enloquecida, de dejarlos a solas con su conciencia, con su memoria o la de su pueblo, con “Campos de Níjar”, quizá recuperarían la cordura. Porque estoy convencida de que, si esto estuviera sucediendo a kilómetros de allí, los que ahora se dedican a perseguir al “moro” protestarían indignados. La locura se reconoce bien desde lejos –hay quien ni así, pero no quiero creer que todos en El Ejido son fachas sanguinarios- y sin embargo… Sin embargo, parece que tenemos un veneno dentro que sale al aire en ciertas circunstancias, que nos ciega y anula, que nos convierte en fieras. Un veneno que arremete contra los débiles, contra los diferentes o los que piensan diferente. Por eso prefiero –hoy, que todo está dicho sobre El Ejido- buscarme e invitar a todos a buscarse ese veneno y a aplicar el antídoto. Para que jamás vuelva a suceder nada parecido.

Bizilagunak 2019

BIZILAGUNAK 2019

Portada

Valla

Fotografía Amnistía Internacional

Banner Docu Sos Cast

Colabora

Colabora económicamente con SOS Racismo de la forma que tú prefieras:

Socios Es
Comunicación

Revista Mugak

Mugak64 65 Portada

nº64 Y 65