Muertos del Norte y nuertos del Sur

Muertos del Norte y muertos del Sur

Nieves García Benito. Tarifa

Dicen que ahora a los españoles se nos está olvidando lo que es la derecha y la izquierda, que ya eso son cosas del pasado, y quizás tengan razón, pues este neoliberalismo que nos invade no entiende de derechas ni de izquierdas y él como amo absoluto nos está haciendo olvidar nuestra historia, nuestros ritos, y hasta a nuestros hijos, como nos descuidemos.
Lo que parece ser que no olvida es la ancestral diferencia entre norte y sur, es más, parece que esa diferencia la acentúa y la aumenta de forma vertiginosa cada día que pasa, en cada muerto que aparece en nuestras pantallas de televisión, nuestros portales o nuestras playas.
Y es que hay muertos y muertos. Las directrices del gobierno se encargan de ello y los medios de comunicación también. No es lo mismo un muerto víctima del caduco terrorismo norteño que un muerto marroquí ahogado en medio del Estrecho de Gibraltar, por culpa de las mafias, dicen.
Los muertos del sur no tienen ninguna asociación que los ampare, ni un nombre, ni un lugar seguro en la tierra en que descansan, si es que lo tienen, porque la mayoría de los muertos del sur son carne para los peces que pueblan las malditas aguas del Estrecho. De los muertos del sur no se sabe nada, ni se conoce su historia, cada ser humano la tiene, ni sus madres tienen un lugar donde llorarlos. Los medios de comunicación no nos muestran sus rostros sonrientes de antaño ni hacen por indagar en sus gustos más antiguos o sus ilusiones frustradas. Los muertos del sur son masas de carne arrastradas en sus caras por guardias civiles cansados y sin alma.
Hay muertos y muertos. Los muertos del norte tienen un asesino condenado por una sociedad que dice basta ya. A los muertos del sur no los mata nadie, mueren ellos solitos por haberse dejado engañar por una mafias anónimas, sin rostro, sin nacionalidad. Y los gritos de basta ya de las gentes en la orilla no se escuchan en ninguna parte, porque no hay oídos para señalar a los culpables.
En el norte, en el sur, cada muerto es un humano asesinado, un ser vivo condenado porque alguien decide la condena. Sentenciados a muerte por manos hábiles que, o aprietan el gatillo o no dan un visado a un hombre desesperado que nunca encontrará trabajo en su país y es mejor que pase en patera y no en un ferrys de ida y vuelta.
Cada muerto asesinado tiene su culpable y tendrá su condena y desde este sur lleno de carencias, donde aún no se ha olvidado cuál es la mano derecha y cuál es la mano izquierda, un grito de ¡asesinos! ruge desde el fondo de nuestras cansadas gargantas porque los culpables, los verdaderos culpables son foto en los periódicos, noticia cotidiana, poder en las alturas, manos que mecen la patera-cuna y no mueven un dedo, un solo dedo mientras contemplan impasibles su homicidio.

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