Melilla y Ceuta, dos ciudades de frontera en el Mediterráneo occidental

Melilla y Ceuta, dos ciudades de frontera en el Mediterraneo Occidental

Ana I. Planet

Melilla y Ceuta aparecen en el imaginario de cuantos a ellas se refieren como un binomio, tan inseparables que no es raro que se pretenda una vecindad geográfica inexistente. A algunos rasgos comunes que las diferencian del resto de ciudades del territorio español como son su carácter africano, su evolución histórica y la existencia de una reivindicación marroquí de soberanía sobre ellas, se une un desconocimiento general de gran parte de su historia.
Salvo excepciones, el conocimiento que se tiene sobre las ciudades se reduce, en la mayoría de las ocasiones, a una serie de estereotipos que minimizan su riqueza y desdeñan su importancia en la historia moderna de España, además de su interesante conformación actual como ciudades.

Historia de dos ciudades
El inicio de la democracia en España en 1975 colocó a Melilla y a Ceuta en un estado de incertidumbre sobre su futuro similar, salvando las distancias, al que siguiera al fin del Protectorado español en el norte de Marruecos en 1956. La independencia de Marruecos y la definición de un nuevo régimen en el país vecino incluyó la recuperación de la integridad territorial histórica como un elemento de cohesión nacional. La ampliación del territorio marroquí diseñada por uno de los patriarcas del nacionalismo, Allal el-Fasi, incluía no sólo a Melilla, Ceuta, las Islas Chafarinas y los peñones, sino también a las Islas Canarias, el Sahara occidental, parte del Sahara argelino y Mauritania, hasta su frontera con el río Senegal. Estas reivindicaciones territoriales, expresadas incluso ante los órganos competentes de la Organización de las Naciones Unidas, han actuado como espada de Damocles sobre los responsables de la política exterior española, espada más afilada, lógicamente, cuando un cambio de régimen o una coyuntura difícil sensibilizan lo que ya lo es en virtud de su naturaleza fronteriza.
El discurso político en las ciudades se centró en una primera etapa de su historia democrática, desde 1976 hasta 1980 aproximadamente, en aquello que hemos denominado la «incuestionable españolidad de las ciudades». El discurso de los partidos políticos aparece dividido entre aquellos partidarios de «abandonar» las ciudades, tesis mantenida históricamente por el Partido Comunista de España, y aquellos que abogaban por reforzar y mantener su españolidad. Se ha de señalar, no obstante, que las tesis abandonistas no son algo novedoso en la historia de las ciudades, ni tampoco privativas de las fuerzas de izquierda. Estas posturas se encuentran periódicamente en la historia española desde la guerra de la Independencia. Entre los intentos de abandono se encuentran el proyecto de ceder los Peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas a Marruecos a cambio de cereales, la venta al Dey de Argel, a quien se habían cedido en 1791 Orán y Mazalquivir, o la cesión de los dos Peñones y Melilla a Marruecos en 1821. Las posiciones abandonistas se fueron matizando en la segunda mitad del siglo XIX conforme se desarrollaron las posibilidades de utilizar estos territorios como punto de expansión económica española en el norte de Marruecos.
En una segunda fase, que se inicia en 1981, la cuestión sobre la cual gira la vida política de las ciudades, y su tratamiento en la esfera nacional, es la consecución de un estatuto de autonomía que, en desarrollo de la disposición transitoria 5ª de la Constitución española de 1978, dé por terminado el mapa autonómico español. Las mutuas acusaciones de los partidos mayoritarios sobre la falta de disponibilidad en el desarrollo de estos estatutos y su contenido centrarán las discusiones políticas hasta su publicación en marzo de 1995.
Desde 1987, coincidiendo parcialmente en el tiempo con la discusión sobre la autonomía, se plantea en las ciudades lo que denominamos «la cuestión musulmana». La publicación en julio de 1985 de la «Ley de derechos y deberes de los extranjeros en España» llevará consigo una lucha contra su aplicación en Melilla y Ceuta, así como el replanteamiento de los requisitos necesarios para la concesión de la nacionalidad española a la población musulmana con probado arraigo en las ciudades. El tratamiento de estos «nuevos españoles» como electores y como candidatos en los diferentes procesos electorales será uno de los ejes fundamentales de los proyectos y programas políticos de los partidos en las ciudades.

La comunidad musulmana de Melilla y Ceuta: una comunidad en busca de su identidad
La comunidad musulmana de Melilla y Ceuta, la historia de cuyo asentamiento puede reconstruirse a través de los Padrones de las ciudades desde la segunda mitad del siglo XIX, ha desarrollado su definición e incorporación a la vida pública mediante distintos instrumentos, que han incluido la creación de partidos políticos de musulmanes y la militancia en el resto de fuerzas políticas de las ciudades.
La publicación en julio de 1985 de la Ley orgánica de derechos y deberes de los extranjeros en España, previa a la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea y primer intento de unificación de la dispersa legislación existente sobre la materia, no reconocía, como sí hacía con otras poblaciones «extranjeras» vinculadas históricamente con España, un especial tratamiento a esta población en el proceso de regularización documental. Desde los últimos meses de 1985 y durante todo 1986 esta población, liderada desde Melilla por la asociación «Terra Omnium» con Aomar Mohammedi Duddú como cabeza visible, luchó por la no aplicación de esta Ley. Durante estos meses se vivieron momentos de gran tensión y se asistió al inicio de un proceso de reconocimiento de las diferentes comunidades que integran la sociedad de las ciudades.
El acceso masivo a la nacionalidad española y la consecución de los derechos civiles deja paso al planteamiento de cuestiones relacionadas con la identidad de la comunidad musulmana de las ciudades. Se inicia desde entonces la reflexión sobre el rasgo religioso por el que se les definía y por el que se autodefinían, comenzándose a reelaborar otros rasgos identitarios que les diferencian respecto a la sociedad de las ciudades en su conjunto, como es la «berberidad» de la comunidad musulmana de Melilla. Sin embargo, la firma del «Acuerdo de cooperación del Estado español con la Comunidad Islámica de España» en 1992, que facilita la colaboración del Estado con los fieles musulmanes agrupados en asociaciones supone la reorganización de la comunidad musulmana de las ciudades en torno a la religión, proliferando las asociaciones religiosas en detrimento de las socio-políticas de finales de los 80.

Un panorama político en continua mutación
Si tuviera que resumirse en poca palabras el funcionamiento de la vida política melillense desde las primeras elecciones democráticas de 1977 habría que incidir en dos cuestiones: de un lado, el fenómeno de bipolarización progresiva que se observa en las elecciones generales celebradas en la ciudad, que contrasta vivamente con el auge de los partidos locales en las elecciones municipales; de otro, y en relación con lo anterior, lo que se ha dado en llamar el «sucursalismo» respecto al poder de Madrid, dado que en la mayor parte de las elecciones generales los representantes de las ciudades en el Senado y en el Congreso de los Diputados lo son por el partido que gobierna en la nación, y sus alcaldes y gobiernos locales también.
La vida política de las ciudades se muestra, sobre todo a partir de las elecciones generales de 1993, como un espacio inusualmente dinámico, dinamismo que se ha hecho especialmente visible en las elecciones municipales-autonómicas de junio de 1999. La oferta política, de amplio espectro, incluye a partidos políticos de ámbito nacional, partidos locales de larga tradición nacionalista y nuevas fuerzas, algunas de ellas con experiencia de gobierno en las ciudades, como la «Coalición por Melilla», y otras recién desembarcadas, como el «Grupo Independiente Liberal».
Los sorprendentes resultados, el triunfo del GIL en votos y su acceso al gobierno de Ceuta con el apoyo de un tránsfuga del PSOE y al de Melilla a través de un pacto de gobierno con CpM, que colocaron a las ciudades en el punto de mira de informadores de todo el mundo, han producido una reflexión seria por parte de los partidos mayoritarios, que han trabajado para conseguir que en las elecciones legislativas de 2000 se respetara el «sucursalismo» antes mencionado, facilitando el control de las transferencias de las competencias autonómicas, auténtica clave para el futuro de las ciudades.

Las ciudades-frontera
En la actualidad, como ha sucedido a lo largo de la historia de las ciudades, el debate sobre su futuro está abierto. La viabilidad económica continúa siendo la gran incógnita, así como el mantenimiento del statu quo y de la reivindicación marroquí como tal reivindicación. En los últimos años, su carácter fronterizo las ha convertido en puente entre el Africa subsahariana y europa. La permeabilidad de las líneas fronterizas parece imprescindible para que las ciudades desarrollen las potencialidades de las que están dotadas. Sin embargo, esta permeabilidad, recogida en los instrumentos de adhesión de España al Acuerdo de Schengen, ha tenido como efecto no buscado la llegada a las ciudades de emigrantes africanos en busca de Europa, pendientes de cruzar el Estrecho.
Lejos de estar solucionadas, éstas y otras cuestiones, que han de ser comprendidas en el entorno más amplio del Mediterráneo occidental, hacen de Melilla y Ceuta ciudades privilegiadas de observación de las transformaciones políticas y sociales que acontecen en este área.

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