Más allá del impacto de las imágenes

Publicada 10 de Marzo de 2014 09:17

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Los inmigrantes supervivientes recogen los cuerpos de algunos de sus quince compañeros ahogados cuando intentaban entrar a nadando a Ceuta (Periodismo Humano)

Agustín Unzurrunzaga

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Las imágenes de lo ocurrido en Ceuta el pasado 6 de febrero y los días posteriores nos atrapan y absorben. Son tan brutales que se hace difícil pensar más allá de ellas. Y, sin embargo, es absolutamente necesario hacerlo, si queremos entender lo que está pasando allí y en toda la frontera sur de Europa.

Imágenes de ese tipo vienen produciéndose en Ceuta, en Melilla, en el Canal de Sicilia donde se encuentra Lampedusa, en las costas canarias, o en las costas andaluzas, desde hace más de veinte años. Cambian los que mueren o son brutalmente reprimidos. Pero sus muertes, sus heridas o los golpes que reciben tienen el mismo punto de partida: la política europea con relación a África, basada y fundamentada en el cierre de las fronteras y su externalización.

África es el único continente en el que a la totalidad de sus habitantes, provengan de cualquiera de sus más de cincuenta estados, se les exige un visado para entrar en cualquiera de los países de la Unión Europea.

Nunca ha habido un intento serio de incorporar el tema de los flujos migratorios en las relaciones que la Unión Europea o sus diferentes Estados han tenido y tienen con diferentes países de África. Siempre ha estado en primer plano el control y el cierre.

En el año 2006 el Gobierno español puso en marcha el denominado Plan África, articulado sobre siete objetivos, entre los que se encontraba el fomento de la cooperación para regular los flujos migratorios. El problema es que esa regulación de los flujos se concretaba en cuatro propuestas, tres de las cuales tenían que ver con un incremento de los controles y, la cuarta, con un etéreo impulso de medidas tendentes a la integración de los colectivos de inmigrantes, fomentando el papel activo de las diásporas en España y en Europa. ¿Que ha sido de ese Plan? ¿Alguien se acuerda de él? En materia de inmigración, lo único que quedó fue el incremento de los controles. Y siempre ha sido así.

El periodista italiano Gabriele Del Grande ha documentado la muerte de 19.507 migrantes entre 1988 y el fin de 2013, en su intento por alcanzar Europa. De ellos, al menos 2.352 murieron en el año 2011, 590 en el año 2012 y 801 en el año 2013. La organización United for Intercultural Action documenta la muerte de 14.037 personas entre 1988 y 2010, de las cuales 9.964 murieron ahogadas, 864 de hambre y sed, 254 asesinadas, 215 de frío, 138 suicidadas por ahorcamiento, 73 en campos de minas, 33 por inmolación, etc, etc.

A esto ha llevado y seguirá llevando la política de cierre a cal y canto de la frontera Sur de Europa. A esto ha llevado y seguirá llevando la política de no querer abordar el tema de los flujos migratorios africanos, que es algo que va más allá de las políticas de cooperación. A una media de más de 800 muertos al año delante de las puertas de Europa.

Otro aspecto nefasto de la política con relación a África es la del miedo, la creación de miedo. En el año 2005, el politólogo italiano Giovani Sartori, premio Príncipe de Asturias de 2005, decía que entre 200 y 300 millones de africanos estarían dispuestos a emigrar a Europa a cualquier precio, aunque sea saltando verjas. Hace 5 años el diario el País decía que unos 30.000 subsaharianos estaban esperando en la frontera para entrar en Europa. Hace un mes ese periódico ha repetido el titular, aunque ahora dicen que el dato lo han sacado de un informe de los servicios de inteligencia españoles. Poco después el Ministro del Interior nos decía que no eran 30.000, sino 80.000. Y así constantemente.

Pero si vemos las cifras de inmigración y emigración, comprobamos que desde el año 2010 los saldos migratorios exteriores africanos son negativos. Es decir, que desde el año 2010, se marchan de España más africanos de los que entran. Y que el número de entradas disminuye cada año, siendo en el año 2012 un tercio de las que entraron en 2008.

En efecto, según los datos del INE, en el año 2008 inmigraron a España 111.405 personas africanas, 70.444 en el año 2009, 50.255 en el año 2010, 47.848 en el año 2011 y 40.766 en el año 2012. En esos mismos años, emigraron de España 43.325 personas africanas, 55.179 en el año 2009, 62.757 en el año 2010, 71.719 en el año 2011 y 72.933 en el año 2012. Es decir, que en el año 2010 el saldo migratorio de personas africanas en España es negativo en 12.502, en el año 2011 es negativo en 23.871 personas y en el año 2012 es negativo en 32.167 personas. Y lo mismo ocurre en la Comunidad Autónoma del País Vasco ( -1.599 en el año 2010, -3.155 en el año 2011 y -3.480 en el año 2012) y Navarra (-534 en el año 2010, -789 en el año 2011 y -1060 en el año 2012).

Como señala Tzventan Todorov en Los enemigos íntimos de la democracia, “la televisión favorece la seducción en detrimento de la argumentación”. Es necesario ir más allá de las imágenes para abarcar la complejidad del problema, tener una idea más cabal de lo que está ocurriendo, y no dejarnos arrastrar, sin más, por interesadas declaraciones ministeriales que tienen un fuerte contenido intoxicador y generador de alarma.

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