Mariano Ferrer se ha ido.

Publicada 14 de Julio de 2019 19:16

Mariano

Este domingo 14 de julio ha fallecido nuestro querido amigo Mariano Ferrer. Reconocido periodista, comprometido con los Derechos Humanos, colaboró como voluntario en los últimos años con SOS Racismo. Aquí os dejamos su último texto escrito en el libro "Quien es quien...". Le recordaremos como vivió. Entregado, consecuente y buena, muy buena persona. 

EN EL MERCADO DEL RUMOR, QUE CIRCULE LA BUENA MONEDA

Imagino que comparto una misma preocupación con quienes colaboran en este proyecto. Cómo escapar de los lugares comunes, no reiterar los
que todos sabemos.

Aceptaré el riesgo a cambio de decir con tranquilidad dos o tres cosas que, trilladas o no, me parecen incontestables.

Sólo hay un antivirus eficaz contra el prejuicio en forma de rumor que, sin padre ni madre, circula como hijo cuya legitimidad no se cuestiona. Ese antivirus preventivo de la aceptación irreflexiva del rumor es la verdad. Pero no la “mera verdad” que existe al margen del observador, sino la verdad “aceptada”, esa que exige previamente ser conocida y, para ello, que se dé a conocer.

Para combatir los rumores sobre los inmigrantes es preciso tener un primer y elemental contacto con su realidad, al menos la de su inmensa
mayoría: quiénes vienen, por qué vienen, para qué vienen. Con ese carnet de presentación a la vista —gente joven y fuerte, que no tiene apenas
futuro donde nació, dispuesta a superar lo que haga falta para llegar aquí, que viene con la idea de encontrar un trabajo para ganarse la vida y ayudar a los que dejaron atrás— resulta mucho más fácil comprender y asumir su presencia entre nosotros, contraponer una verdad básica a la imagen distorsionada en la que el rumor los encasilla. No vienen a quitarnos el trabajo, ni a hacer inviable la sanidad pública, vienen a ser uno más entre nosotros, con vivienda y trabajo… con impuestos y conducta cívica. Por desgracia, la información que circula, que se ceba en los problemas que su presencia genera, no parece interesada en dar a conocer en detalle la verdad de la realidad de la que huyen, ni nuestra responsabilidad colectiva, como primer mundo explotador, en la situación que padecen.

Ingenuos tampoco tenemos por qué ser, ni ocultarnos ni ocultar la cara B de la inmigración. La aceptación de inmigrantes como personas con los mismos derechos que nosotros, requiere hacerles hueco, asumir costes, medir bien lo que podemos ofrecer y hasta dónde podemos llegar. A
veces hay que tirar de la cuerda, reconocer hasta dónde podemos y no podemos —o queremos y no queremos— llegar, y distinguir entre
quienes se buscan el hueco y los que esperan que el dinero público se lo dé hecho. Distinción que exige diferenciar entre los muchos y los pocos, algo que el rumor camufla.

¿Cuántos hablamos de la inmigración sin haber tenido, y sin haber buscado, el menor contacto con ella? Mi pequeña experiencia, que no pretendo generalizar, indica que entre quienes tienen contacto real con la inmigración no predomina el mal relato del miedo, el abuso, la incivilidad.

Lo que me lleva a una consideración, relacionada con la verdad antivirus del rumor maligno, que tal vez no sea tan lugar común como lo dicho, sin vergüenza por otra parte, hasta ahora: es preciso hacer circular las buenas experiencias de la inmigración.Portada

Era una noche a finales de verano. Un joven africano va por la Zurriola con un saco de dormir. Una donostiarra de ochenta-y-bastantes años, sentada en un banco a la espera de ir acostarse, le observa y se le acerca. Él le cuenta que tras llegar a Almería y trabajar dos años en los invernaderos ha venido a buscar mejor fortuna en el Norte con el saco que le ha dejado un compañero que ha subido a Francia. Ahora esperaba a que no quedara gente para echarse a dormir. Nuestra mujer advierte que es un chico con una cierta cultura y le llama la atención la dulzura con la que habla de su madre. Le invita a cenar y cuando el joven se despide para volver a la Zurriola, la mujer le invita a ir a dormir en su casa. Allí se alojó varios meses, a la busca de trabajo haciendo tareas a salto de mata y ayudando en lo que podía a la mujer. Un día, en una construcción, se les encendió una luz: “si fueras electricista te cogíamos ahora mismo”. A los pocos días la mujer le había inscrito en los cursos de Lanbide. Pasó el tiempo, el chico le hizo ver a la mujer que tenía que valerse por sí mismo. Marchó al melocotón por Zaragoza, a la pera por Lérida, a la naranja por Castellón. Un día, de peón en una construcción, advirtió que el electricista estaba haciendo una chapuza que podía tener consecuencias serias y se lo advirtió al patrón… hoy es técnico electricista en unos grandes almacenes, con un buen sueldo… y con dos madres.

¿Nos paramos a pensar un momento los rumores/temores que nuestra buena mujer tuvo que sacudirse de encima para actuar como actuó? Podemos imaginar las veces que tendría que escuchar si estaba loca. Hizo lo que hizo porque es una buena persona, sí, pero también porque se atrevió a dar el paso de entrar en contacto con la realidad, el más eficaz antivirus del rumor y el prejuicio cuando alguien se toma el trabajo de conocer la verdad… y darla a conocer.

Ella me lo contó y yo lo cuento.

Quien tiene o conoce una buena experiencia de la inmigración debe hablar de ello. Es preciso que en el mercado del rumor circule también la buena moneda para hacer retroceder a los bulos infundados que de oído en oído y de boca en boca, se acaban estableciendo como verdades universales.

Y no vale decir que esa buena experiencia que has vivido o conocido es poca cosa, no tiene importancia. ¿Acaso no la tienen las que circulan en sentido contrario?

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