Inhumana e ilegal

Publicada 16 de Marzo de 2016 12:06

Fuente: Agustín Unzurrunzaga

Unnamed

Agustín Unzurrunzaga

Por la pendiente de la inhumanidad y la ilegalidad se está deslizando la política sobre asilo y refugio de la Unión Europea y de la mayoría de los estados que la componen. El Consejo extraordinario del pasado 7 de marzo, que fue precedido por una brutales declaraciones del presidente “liberal” del Consejo, el polaco Donald Tuks, nos dio la medida de la degradación a la que se está llegando y, mucho me temo, que el próximo, el que se celebrará los días 17 y 18 de marzo, no haga más que corroborar esa degradación.

El asilo, diga lo que diga Tuks, es un derecho de las personas, y los Estados tienen deberes para con ellas. Aunque le cueste entender, en una democracia los Estados tienRegugiados Sirios Europa 50734en deberes. Las personas que sufren persecución, que huyen de las guerras, tienen derecho a venir a Europa y pedir asilo en Europa. Y Europa el deber de recoger sus solicitudes y analizarlas seriamente. Europa, los países que componen la Unión Europea, diga lo que diga Tuks, no pueden negarse a recibir las solicitudes de asilo y proteger a las personas que lo hacen.

La Unión Europea y los Estados que la componen no están haciendo frente con la diligencia debida al problema humanitario que representan los miles de personas refugiadas que se agolpan en sus fronteras. Tampoco están haciendo frente a los deberes legales que se derivan de ser todos ellos signatarios de la Convención de Ginebra, del Protocolo de Nueva York y de los propios textos sobre los que se basa y asienta la construcción de la Unión Europea. Y adoptan acuerdos que son contrarios a las normas internacionales sobre asilo y protección internacional de las personas que huyen de guerras y conflictos diversos, o de dictaduras, de personas que tienen el derecho a pedir ser protegidas por los estados de la Unión Europea. Los Estados de la Unión Europea no pueden devolver a Turquía, aunque en un ejercicio de auténtica trapacería política lo declaren país seguro, a las personas que habiendo pasado por ese país, formalizan en uno de la Unión su solicitud de asilo, sin ni siquiera analizarlo. Hacer encajes de bolillos jurídicos con estas cuestiones, muestra hasta qué punto los propios servicios jurídicos se están deslizando por la misma pendiente que los políticos.

Los Consejos de la Unión se están convirtiendo en reuniones de mercaderes sin escrúpulos. Por lo que estamos viendo, a los dirigentes de Polonia, Austria, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría y algunos otros países, como Francia, España, Rumanía, Estonia o Lituania, las personas refugiadas les importan un comino, así como los compromisos que han adquirido, a través de la firma de tratados y convenciones, de protegerlas y ayudarlas. Vacían de contenido toda idea de solidaridad, incluso de solidaridad entre los propios Estados de la Unión, sin la cual, la propia Unión deja de funcionar como una entidad que dice respetar e inspirarse en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Algunos políticos relevantes de esos y otros países, desde hace tiempo venían insistiendo en la idea de que es más barato subcontratar países que hagan las labores de gendarmería, que acoger refugiados en la Unión. Para ellos, hay que dejarse de buenos sentimientos, y mandar avisos fuertes, militarizar las fronteras exteriores y, si fuese necesario, intervenir militarmente para impedir los desplazamientos de los demandantes de asilo y devolverlos a los países de los que han venido. Les importa muy poco que países como Turquía, Líbano o Jordania, con muchísimos menos medios que la Unión Europea, soporten unas cifras, tanto en términos absolutos como proporcionales a su población, más grandes que la Unión.

Es evidente que cerrar la ruta de los Balcanes no resolverá los problemas. Ni Austria, ni Hungría, ni Eslovaquia, ni Eslovenia resolverán sus problemas mediante medidas de cierre unilateral de sus fronteras, dejando a miles de personas en la intemperie sin que puedan formalizar su derecho a solicitar asilo, protección internacional. Agravarán el problema ya gravísimo de Grecia, país en el que se ha juntado una enorme crisis económica con una enorme crisis humanitaria. Y de ahí el justo enfado de los gobernantes griegos, los justos reproches hechos a los dirigentes de otros países de la Unión por su insolidaridad, por saltarse a la torera los propios fundamentos sobre los que se asienta la Unión. No hay derecho que al país que más está sufriendo las consecuencias de la crisis económica se le fuerce a asumir, por la indiferencia de los políticos de otros Estados, la mayor carga humanitaria.

¿Lo resolverá el acuerdo, o el principio de acuerdo, suscrito el pasado 7 de marzo con Turquía, y que tendrá que ser ratificado en la próxima cumbre? Creo que no.

En el preacuerdo suscrito con Turquía se han juntado intereses varios. La unión Europea, incumpliendo sus deberes humanitarios y legales, quiere dejar de acoger personas refugiadas, quiere que no lleguen a sus fronteras. Y para ello necesita a Turquía.

El empeño por suscribir un acuerdo con Turquía se basa en la idea de que es un aliado fiel, que hará en nombre y por cuenta de la Unión Europea el trabajo de gendarmería, de retención en el interior de sus fronteras de las personas potenciales solicitantes de asilo. Una vez retenidas, la Unión Europea negociará con Turquía la recolocación en Europa de una cantidad de esas personas. Ello requerirá que en el interior de la Unión haya acuerdo sobre cómo se repartirá esa recolocación o reinstalación. A cambio de que haga ese trabajo, la Unión Europea le abonará a Turquía 6.000 millones de euros, eximirá el visado de estancia a los y las ciudadanas turcas que quieran viajar a Europa y reanudará las negociaciones para la adhesión de Turquía a la Unión Europea.

El punto de partida de semejante bodrio político-jurídico-humanitario es que la Unión Europea, un espacio con 510 millones de habitantes y muchísimos más medios materiales que Turquía, no puede acoger a más refugiados. En el año 2015, en el conjunto de países que componen la Unión Europea se formalizaron, en cifras redondas, 1.300.000 solicitudes de asilo y protección internacional. En Turquía, en ese mismo año, había más de 2,5 millones de refugiados. En Líbano, que tiene menos habitantes que Dinamarca, había del orden de 1.200.000 refugiados, más o menos el 30% de su población. No es verdad que la Unión Europea esté saturada de refugiados. No es verdad que los Estados que la componen, que hasta ahora han acogido de forma muy desigual, y es algo que hay que tener en cuenta, no puedan hacer frente al acogimiento de más refugiados. Todo eso es una gran mentira. Desgraciadamente, esa mentira es del mismo tamaño que los egoísmos nacionales de la mayoría de los países que componen la Unión.

En segundo lugar, se plantea suscribir un acuerdo de retención de refugiados, con un país que es parte directa en el conflicto sirio, que es de donde proceden la mayoría de las personas solicitantes de asilo en la Unión Europea, aproximadamente el 33% durante el tercer trimestre de 2015. A su vez, en su propio interior hay importantes conflictos, algunos de ellos con confrontación armada. Y, en tercer lugar, es un país con un estado muy autoritario, que tiene importantes fallas democráticas. Pero todo eso es pecata minuta.

En definitiva, que la Unión Europea y los estados que la componen, incapaces de organizarse de forma solidaria, hacen dejación de sus responsabilidades humanitarias y legales, y subcontratan un país para que haga lo que ellos no están dispuestos a hacer. Que se encargue Turquía de hacer el trabajo de gendarme y guardián de las fronteras exteriores de la Unión.

¿Ratificarán el preacuerdo del 7 de marzo en la reunión que se tendrá en Bruselas el 17 y 18 de marzo? Probablemente retocarán algunas cosas, secundarias en su conjunto, para hacerlo más digerible, como la posibilidad de devolución automática a Turquía de toda persona que habiendo transitado por ese país, llegue a algún país de la Unión. Probablemente admitan que tiene derecho a formalizar su solicitud de asilo y a recibir una respuesta fundada para, a partir de que sea negativa, poder expulsarla a Turquía. Como en otras ocasiones, nos dirán que no son expulsiones colectivas, sino expulsiones individuales que se juntan en un punto para ser materializadas. O sea, que recurrirán a las mismas triquiñuelas jurídicas que en las expulsiones “en caliente”, o a las que el Gobierno francés viene practicando desde hace varios años con las personas rom procedentes de Rumanía y Bulgaria. También es probable que nos digan que negociarán con Turquía la reinstalación en la Unión Europea de cierto número de refugiados. Todo ello muy controlado y en mucha menor cuantía de la que sería necesaria, cómo, por ejemplo, está haciendo Canadá a través de ACNUR. Y con ese tipo de maquillaje mantendrán el fondo, que no es otro que impedir la llegada de personas solicitantes de asilo a un país de la Unión, o disminuir drásticamente la cantidad.

El problema es que todo eso será un paso más en el destrozo de un proyecto de Unión Europea solidaria y respetuosa con los compromisos humanitarios y políticos que ella misma se ha dado.

 Título

 Caja Emakume

Trabajadoras del Hogar

Refugio Karratua

MENTORÍA 2020

Portada

Valla

Fotografía Amnistía Internacional

Banner Docu Sos Cast

Colabora

Colabora económicamente con SOS Racismo de la forma que tú prefieras:

Socios Es
Comunicación

Revista Mugak

Mugak64 65 Portada

nº64 Y 65