Algunas lecciones de París

Publicada 17 de Noviembre de 2015 10:40

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El horror que nos sacudió este fin de semana, con los asesinatos perpetrados en París, deja paso a la reflexión, a buscar los porqués de esta sin razón, a empatizar con las víctimas, sus familias y la sociedad francesa en general, a empatizar también con las personas refugiadas que, en Siria y otros países sufren a diario actos similares, y tratar de sacar algunas enseñanzas, en tanto que movimiento antirracista. Hablamos de un acto de barbarie ligado a un fanatismo y un racismo que es preciso combatir.

Pero, para ello, no basta predicar una abstracta respuesta “contra el terrorismo” sin una profunda autocrítica de la sucesión de unas políticas intervencionistas (económicas, políticas y militares) de los países de la UE en esas áreas geográficas cuyas consecuencias vemos hoy, con asombro y horror, cómo acaban golpeándonos como un boomerang. Lamentablemente, las primeras medidas adoptadas ante la masacre no auguran una rectificación a esas políticas. Por el contrario, se insiste en políticas bélicas que no sólo se han mostrado claramente ineficaces en el pasado más reciente, sino que han contribuido a alimentar a quienes hacen del odio y del fanatismo su bandera. Fanatismo que nada tiene que ver con los millones de personas, incluidas ciudadanas/os europeos que profesan la religión musulmana.

Fanatismo que prende entre sectores de población excluidos y mal integrados, a quienes se niega una plena inclusión en la sociedad. Más bien, se les recalca su calidad de ciudadanía de segunda, hijos e hijas de la inmigración que nunca llegan a ser “franceses o belgas de verdad”. Personas expulsadas a los suburbios de las grandes ciudades francesas o belgas, a las que se cuestiona la identidad y entre quienes los odios y fanatismos disfrazados de religión que les proporciona reconocimiento y respeto, encuentran público fiel entre estas y estos desheredados.

Para lograr esa sociedad inclusiva se ha de combatir a quienes predican y difunden un fanatismo religioso como el que está detrás de quienes han perpetrado este múltiple asesinato.

Se ha de combatir también, profundizando en lo que ya se está haciendo, a quienes promueven discursos de odio y de racismo hacia las personas en base a sus creencias, su origen o sus características. Discurso que hoy en día vehiculan también algunos/as dirigentes gubernamentales de la UE y tiene su reflejo en el Parlamento Europeo.

Se ha de rechazar la línea, tan querida por la extrema derecha, de hacer responsables de estas barbaridades a la religión del Islam. El combate a una manifestación fundamentalista del Islam, como es el caso, no puede generalizarse al conjunto de esa religión y, menos aún, responsabilizar a sus practicantes.

Se ha de combatir manifestaciones fundamentalistas como las realizadas el pasado sábado día 14, por el obispo de San Sebastián, señor Munilla, apoyando las que hizo en su día el obispo de Valencia, señor Cañizares, que denominaba la acogida de los refugiados como “invasión de emigrantes y refugiados”. Para Munilla, además, “la acogida a los refugiados, hoy puede ser algo que queda muy bien, pero realmente es el caballo de Troya dentro de las sociedades europeas y en concreto de la española”. Semejante generalización criminalizadora de los atentados de París que realiza el señor obispo, no la practica sobre los numerosísimos casos de pederastia (tan solo la punta del iceberg) protagonizados por sacerdotes de la iglesia católica a lo largo de muchísimos años. ¡Qué lejos de las posiciones del Papa Francisco!

Por otro lado, hemos de ser críticas/os con la instrumentalización que algunos partidos y gobiernos europeos ya han comenzado a hacer para implementar políticas migratorias más restrictivas y negar la protección debida a las personas que buscan refugio, obligación recogida en los tratados internacionales como el de Ginebra. Las derivas xenófobas que amalgaman a refugiadas/os con terrorismo no son más que estrategias para justificar e implementar unas políticas de control que merman la calidad democrática de nuestras sociedades.

Es pues el momento de ratificar la importancia de construir una sociedad que deje poco espacio a la desigualdad, la exclusión y el racismo y reivindique la solidaridad y acogida con todas aquellas personas necesitadas de protección. Dentro y fuera de nuestras fronteras.

Federación de Asociaciones de SOS Racismo /SOS Arrazakeriako elkarteen Federazioa

17 de noviembre de 2015


Contacto: Mikel Mazkiaran 688 81 71 33

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