Festival de cine de San Sebastián. Crónica desmadejada del evento

CRÓNICA DESMADEJADA DEL FESTIVAL

Ismael Díaz Zabala

El Festival de cine de San Sebastián ha sido de siempre una ventana abierta al mundo. Cualquier Festival de cine debe serlo. Casi por definición y, obviamente, por reclamo turístico. El Festival de San Sebastián va siendo estos últimos años además, creo, una visión abierta al mundo. Y no quiero referirme solamente a que, sin necesidad de pasar frontera alguna, cualquier espectador normal ha podido acercarse a culturas más y más diversas, europeas, latinoamericanas, del lejano o del medio Oriente… Además, y en ello pongo el énfasis, se ha esforzado en acercarnos representaciones del mundo total, sin exclusiones, nacionales, raciales, religiosas, clasistas,…, sin atrofiadora esclerosis comercial. Ha sido un buen no sé si catalizador o catador de universalismo.
Este 51 Festival representa, desde esa óptica, un importante salto adelante. Es clara la primera razón: el Festival de San Sebastián se ha abierto a África, creando una sección propia,¡vean qué detalle!, “**Entre amigos y vecinos**”, y aportando un largo lote de películas en torno al Magreb. Subrayo la otra razón. No puede ser mera coincidencia el que esta presentación se haga ahora, justamente cuando en el País Vasco la inmigración del Magreb y la subsahariana, junto a la que viene de Latinoamérica y de la Europa oriental, empiezan a tener presencia, a constituir un momento de reflexión inquieta e interesada y un reto de gran calado en nuestro destino personal y societario. Nos hacía falta poder verlos, a los marroquíes, a los subsaharianos, a ellos, según ellos se ven, hartos de verles según nos los pintan. Y el Festival podía aportar su grano de arena. Y lo ha hecho. Sin alharacas. Como se presenta a un buen vecino. Como se ofrece una sincera amistad. (No tengo dudas de esa intencionalidad. Tenemos por contra una prueba muy clara. Y la aprovecharemos como método de trabajo. Presentaremos las películas de referencia con citas textuales de lo que la organización del Festival ha visto y ha querido que veamos. Así en efecto lo ha contado en su programa).

Eclosión africana en el 51 Festival

Desde años atrás viene el Festival presentando un ciclo “*Horizontes latinos*” que presenta “películas inéditas en el Estado español producidas total o parcialmente en América Latina”. Viene pues alimentando una mirada propia, de ellos, de los latinoamericanos, sobre ellos. Y recogen además la mirada menos publicitada, la que no entra habitualmente en los canales comerciales.
Este año, 2003, ha inaugurado el Festival nuevos caminos. El Magreb, tan cercano como desconocido y distante, se nos ha convertido en el tema de “*Entre amigos y vecinos*” que incluye nada menos que 33 películas, 11 por cada uno de los tres Estados ribereños, mediterráneos, Marruecos, Argelia y Túnez.
Es una aportación amplia, generosa. Sin parangón, en referencia al cine, con la suma de ocasiones que hayamos tenido jamás de ver el Magreb. Brinda pues una oportunidad especial de acercarnos, de “ver” Marruecos, Túnez, Argelia.
No podemos alcanzar a presentar en toda su amplitud el lote completo. Seleccionamos pues aquellas películas que respondan a cuestiones que marcan, entre nosotros, el ritmo y el estilo de esta migración.

1. ¿Cómo ven ellos sus propios procesos migratorios?

Antes, bastante antes de que empezáramos nosotros a comentar las “oleadas” de marroquíes y subsaharianos que invaden Canarias y el Campo de Gibraltar, los magrebíes, específicamente los argelinos, sabían ya de gentes suyas viviendo allende el Mediterráneo.
Argelia nos lo recordaba en dos películas aleccionadoras.
Vivre au paradis, es un film realizado en 1998 por el argelino Boulem Guerdjou. Hay en él años de experiencia migratoria. “Un fresco riguroso y apasionante, situado en un mundo de chabolas en el que llegarían a vivir más de 20.000 inmigrantes a mediados de los sesenta. Un trabajador argelino hace venir a Francia a su familia pretendiendo alcanzar las condiciones de vida a las que aspira. Para ello se embarcará en actividades poco o nada éticas, mientras que en su país ha estallado la guerra de la independencia”. No hay problemas de ‘papeles’ para estos “pieds noirs”. Sí, miseria, discriminación, insalubridad, en ese sin fin de chabolas que dan mal cobijo a unos 20.000 argelinos. Y todos los problemas que surgen al amparo de que, por ese entonces, Argelia empieza a despertar hacia su independencia.
En Inch’Allah dimanche (El domingo, si Dios quiere), Yamina Bengugui, Argelia, 2001, la inmigración se tiñe en femenino “relatando el desembarco de las familias de los inmigrantes magrebíes,… se centra en las peripecias de Zouina, que llega a París acompañada de sus tres hijos y su suegra, para reencontrarse con su marido…. ”.
Frontières, es más reciente, de 2001. El director argelino, Mostefa Djadjam, es testigo aquí de otras migraciones. “Un grupo de subsaharianos de diferente procedencia y no menos diversas problemáticas abandona Senegal para recorrer el continente africano Mauritania, Argelia y Maruecos rumbo al norte, hasta las puertas de esa ‘tierra de promisión’ que es Europa”. Así le da versión del Magreb, el recorrido va de Mauritania, Argelia a Maruecos, a lo que hasta hace poco apenas excedía Argelia.
Para Marruecos, en el contexto actual, no hay escape posible. La emigración es hoy una enorme herida que sangra incontenible. Es una de las expresiones más reveladoras y más críticas del país. Quizás el gran tema de debate. Para unos, la salida, a pesar de todo. Otros deciden quedarse, a pesar de todo. Así lo han expresado algunos directores.
Laila Marrakchi, quizás por ser mujer, tiene una visión más global y por ello más dual. Así lo filmó el año 2000 en L’horizon perdu. Dos posturas ante la invitación a emigrar. Parten del mismo momento histórico, de idéntica descripción de ciudad. Pero describen trayectorias opuestas. El filme “… narra las últimas horas de una pareja de enamorados en Tánger, antes de que el muchacho tome una patera rumbo a las costas españolas, tras no haber podido convencer a su novia para que le acompañe y ésta no haber logrado hacerle desistir de su propósito”.
En Wa baad… (Y después…), 2002, Mohamed Ismail reproduce paso a paso, al igual que veremos en Winterbottom, el “calvario” emigrante. Con la muerte y el retorno pisando los talones. “Una de las más explícitas exploraciones que el cine marroquí haya acometido sobre el problema de la emigración clandestina y la vecindad con España. Pateras y aduanas, mercadillos y hoteles de lujo, droga y corrupción, familias rotas…”.

2. Ser mujer en el Magreb

Las reflexiones sobre la mujer dan ocasión a una larga serie de películas. Sin forzar la clasificación, es decir, contando sólo aquéllas en que la mujer es el tema central de reflexión, alcanzamos nada menos que ocho filmes.
A todos nos consta que la situación de la mujer en las sociedades islámicas se trae y se lleva en nuestros medios como una de las pruebas más claras de la cerrazón mental de esa cultura. (Escribo esto con cierta vergüenza porque estos días acaban de certificar que van ya para 89 las mujeres que han muerto en España de forma violenta, es decir que han sido asesinadas por sus maridos o compañeros). Muchos pueden dudar que juicios tan cerrados, tan apocalípticos, se apoyen en un conocimiento cercano de su realidad; más bien parecen el eco de prejuicios o de otros fundamentalismos sólo que invertidos.
Podemos comprobar en este ciclo, en primer lugar, que es posible afrontar temas de tanto calado en sociedades que nosotros juzgamos a priori “impermeables”, que hay gentes al menos ocho directores, interesadas en encararlo sin sumisiones previas a lo políticamente correcto y que, si se producen tantas películas, será porque estiman que alguna gente irá verlas y que no todos las rechazarán de entrada, víctimas de sus inveterados e implacables tabúes.
Tendremos ocasión asimismo de comprobar que en las sociedades islámicas, como en cualquier otra, por cierto, incluso en las que se pretendieron eternas, nada está definitivamente dicho, en todo cabe cambio, más bien, todo cambia en la reproducción que el individuo, el grupo, la sociedad, la siguiente generación, los nuevos, van rehaciendo del ayer de donde vienen.
El exilio temporal de hombres, en búsqueda de trabajo, fuerza una sima en las relaciones hombre y mujer en la isla de Djerba, hoy fácilmente reconocible en las guías turísticas. La directora tunecina, Moufida Tlatli, aprovecha para describirnos el mundo de la mujer en un país islámico.
Maussim al-riyal (La temporada de los hombres), 2000, “La temporada de los hombres es el único mes en que tradicionalmente los maridos que durante el resto del año trabajaban en la capital regresaban a Djerba con sus esposas. La prestigiosa directora… nos sumerge en un desgarrado y traumático universo femenino,… ”.
Otra mujer, Dalila Ennadre, Marruecos, despliega su mirada, “sin renunciar en ningún momento, por cierto, a una mirada moderadamente esperanzada, sobre las expectativas de sus protagonistas” sobre el mundo de la mujer en Al-battalat: nisaa min al-madina (Mujeres de la medina), 2001. “Film íntimo e intimista que se aleja deliberadamente de toda suerte de estereotipos en el tratamiento de la problemática de la mujer en las sociedades islámicas,…”
Quienes seleccionaron las películas dicen que es Aziza, 1980, Abdellatif Ben Ammar, Túnez, una de las más logradas de este ciclo que “en clave de melodrama narra una hermosa historia de autoafirmación personal y emancipación femenina”. “Aziza es una huérfana que ha vivido toda su vida con su tío y los dos hijos de éste… Considerada como una de las obras fundamentales sobre la condición femenina del nuevo cine árabe…”.
La sociedad patriarcal sigue viva. ¡Claro!. Pero ni es monolítica ni siquiera de aceptación común. Suscita más bien reacciones enfrentadas.
Los matrimonios forzados pueden ser una de sus expresiones tradicionales. Es la que aborda el argelino Mohamed Chouikh en 1988 en Al-qalaa (La ciudadela). Le sirve para “denunciar con vehemencia la cultura tradicional de su país”. “El paraíso de las mujeres está a los pies del hombre”; “ellos tienen derechos, nosotras tenemos a Dios”… “Película que desagradó a las autoridades argelinas y entusiasmó al público. …. Matrimonios convenidos… para denunciar con vehemencia la cultura tradicional del país”.
El espíritu patriarcal no crece solamente a la sombra de las paredes del hogar, se puede mantener vivo también en ambientes potencialmente liberadores. Veamos dos ejemplos.
Al-saama (El rastro), 1982, Nejia Ben Mabrouk. Túnez. “Narra la historia de Sabra, que huyendo del sofocante medio familiar y social trata de completar sus estudios en la Universidad, donde encontrará otras variantes de la sociedad patriarcal…”.
Vimos ya en Inch’Allah dimanche, 2001, Argelia, cómo la migración se vive con pulso de mujer. Salir de las profundidades de Argelia y llegar a París puede parecer una voltereta mental, casi de época. Y lo es, sin duda, en muchos aspectos. Pero no se resuelven de golpe viejos problemas enraizados en no se sabe qué honduras del ser. Nada florece sin lluvia, calor y tiempo de sombras. De hecho, aquí “la severa estructura patriarcal se conjuga ahora con el desencantamiento de un ambiente y una cultura nuevos,… cautiva en su propia casa”.
En directa contraposición, como antagonista secular, también encontramos, en versión argelina, el tradicional y autosatisfecho machismo. (Es tan lo mismo de lo que venimos hablando, quizás visto desde el otro lado del espejo, que excepcionamos el que el protagonista, obviamente, no sea mujer). Omar Gatlato, 1976, de Merzak Allouache, se ha atrevido a acercarse a las fuentes de esta autoafirmación secular, “la película gira en torno al machismo en las sociedades islámicas”.
Mujer soltera y embarazada, otro botón de muestra.
Aún hoy cuesta en Occidente sacar a luz viejas historias de mujeres solteras y embarazadas, de las madres solteras y de los centros y correccionales que hasta hace bien poco han funcionado entre nosotros. Ha sido ésta, en todas las sociedades por desgracia, la expresión del honor masculino, paterno, arrastrado por el cieno. También en el Magreb.
Shati al-atfal al-daain (La playa de los niños perdidos), 1991, Jilali Ferhati. Marruecos-Francia. “Mina, soltera embarazada, asesina a su novio que la ha repudiado y lo entierra bajo una montaña de sal. En un desesperado intento…., el padre … Incisivo retrato psicológico de la sumisión de la mujer en el marco de una sociedad claustrofóbica filmado con sensibilidad…”.

3. Mujer y sociedad

La simple enumeración, llevamos ya ocho películas y abrimos, un tanto artificialmente, nuevo capítulo, deja al descubierto que, lejos de lo que pensábamos, la mujer es, al menos entre muchas gentes de la cultura islámica o en sectores de esas sociedades, el eje de reflexión, el fondo que es preciso remover para alumbrar algo nuevo.
Agrupamos aquí tres miradas, a la brutal represión social y política, a la sexualidad femenina y al islam, que apuntan, críticamente, líneas transversales de un mañana distinto.
A través de los ojos de una mujer, de una madre “en busca de su hijo por cuarteles y campos de concentración de todo el país”, la represión extenuante, genocida, de todas las dictaduras. Mohamed Lakdahr-Hamina, Argelia, 1966, creó “una de las obras cumbres del cine árabe”, Rih al-Aurass (El viento de las Aurés).
Rachida, de Yamina Bachir-Chouikh, Argelia, 2002. Esta “profesora queda gravemente herida como consecuencia de un acto terrorista. ¿Cómo callarse cuando todo el país está sumido en el dolor? Rachida “exilada en su propio país, a la deriva entre torrentes de violencia y de miedo”.
¡Cuánto parecido a tantas visiones clásicas y modernas en Occidente! La mujer madura que, sin noticia previa, descubre la sexualidad y la libertad del cabaret.
Al-satan al-akhmar (Satén rojo), Raja Amari, Túnez, 2002. “Una viuda joven quiere conocer al novio de su hija y se encontrará atrapada por el encanto del cabaret donde el muchacho trabaja. … La directora, el retrato, como ven, lo hace otra mujer, nos ofrece una sensible exploración de la sensualidad femenina y los efectos del paso del tiempo, … vitriólica mirada sobre la sociedad tunecina…”.

Islam y mujer, cara a cara. Directora y protagonista femenina. Ella regresará de París a su vieja tierra por tan repetido motivo como la enfermedad de su padre. Y allí “experimentará una profunda transformación espiritual”. Bah al-samaa maftuh (Una puerta en el cielo), Farida Benlyazid, Marruecos-Túnez, 1988, “resultó controvertida al entenderse como una apología del Islam ortodoxo, pero la directora subraya su afán de revalorizar una cultura de hermandad y solidaridad femeninas en el marco de un islam tolerante”.

Apenas dos notas para ZABALTEGI

En el Festival de San Sebastián, uno no puede olvidarse “**Zabaltegi**”. Sin el glamour de estrellas y premios de la Sección oficial, recoge películas ya premiadas, en otros festivales, y un largo conjunto de films que intentan nuevas “miradas sobre el cine y la realidad en sus múltiples realizaciones”. De aquí surgen, rico panel de dulce miel, los premios Nuevos Directores y la Perla del Público.
Pues bien, espigando en ZABALTEGI, es decir entre las películas elegidas por la organización para participar en una de sus secciones estrellas, encontramos el latido, el dolor inmenso de la inmigración o problemas de integración de los nuevos “vecinos” en países de viejas culturas.
Nos quedamos con aquellas películas que la propia organización del Festival ha subrayado como abiertas a una lectura intercultural. (Podíamos haber sumado otros títulos a poco que ampliáramos el baremo, el imposible baremo de lo intercultural. Pero tampoco se trata de agotar la reseña. Bueno, hemos elegido lo que parecía más cercano a situaciones de migración).
In This World, de Michael Winterbottom, cuenta “la odisea de dos jóvenes refugiados afganos durante los primeros bombardeos americanos en octubre de 2001. Los dos amigos consiguen llegar a Italia, donde esperan encontrar el paraíso. Pero el paraíso no existe para nadie…”.
Donau, Duna, Dunaj, Dunav, Dunarea, del austriaco Goran Rebic “… reivindica una Europa cruzada por el Danubio como eje unificador de un mundo que ha estado asolado por guerras fratricidas… Un canto a la vida de los pueblos a través de un largo viaje por el gran río Danubio…”.
Travail d’arabe (Granujas a todo gas), de Christian Philibert. La expresión “en francés… designa una chapuza… De esto habla esta divertida comedia política. De esto y de racismo,… La extraña amistad que une a Momo, un joven magrebí de Provenza, y un viejo Don Quijote más bien reaccionario, es el centro de… “.
Wenn der Richtige kommt (Cuando llegue mi hombre), es una coproducción suiza-alemana, dirigida por Oliver Paulus y Stein Hildebrand, es “la historia de una mujer de la limpieza que se enamora de un turco vigilante de seguridad en la empresa en que ella trabaja y, cuando él vuelve a Turquía, ella decide seguirle…”
Un revé algerien, de Jean-Pierre Lledo, documentalista que “vuelve a su Argelia natal, acompañando con su cámara al que fue director del diario “**Alger-Républicain**”, Henri Aleg, comunista francés, judío, torturado por el ejército colonial por su apoyo al FLN. Lledo comprueba que su sueño de fraternidad entre comunidades diferentes… parece haber desaparecido hace tiempo…”.

Y… ¿después?

El Festival ha cumplido. Ha empezado a cumplir. Muchos esperamos que ése haya sido el primer paso y que “**Entre amigos y vecinos**” no se agote como flor de un año. Es un apartado que debe apuntar a una larga y rica vida. Queda mucho Magreb, mucha África por ver y todavía, confiemos, algun futuro para África.
Es verdad que también el Festival tiene dos caras. La buena pantalla es buena, sobre todo, porque hay ojos, muchos ojos, ojos perspicaces, que la miran. Sin espectadores, no hay, propiamente, Festival. Y, uno osaría adelantar un juicio: la organización no aspiraba a una respuesta masiva. La reserva de espacios, salas medias y pequeñas, mostraba los límites. Y, en lo que pude comprobar, las salas no se llenaron; pero la respuesta, por supuesto deficitaria, digamos quedó digna. Algo significa que varios centenares de personas eligieran un tipo de películas que en principio no tenían el atractivo potencial de otras docenas de filmes del mismo Festival.
Ahí queda un espacio que entre todos podemos y debemos cubrir. El cine puede ser un elemento activo, uno más pero accesible y cómodo, en los encuentros culturales entre pueblos. Y hay fórmulas –servicios de bibliotecas y fonotecas públicas, cine-forums, propuestas o iniciativas de asociaciones,…- que, permiten alargar durante todo el año los ecos del Festival.

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